POLÍTICA

Este martes el PRI resolvió con Enrique Ochoa Reza el pendiente de elegir un nuevo dirigente nacional, tras la renuncia de Manlio Fabio Beltrones.

El Partido lo hizo pronto; sin jaloneos internos aparentes. Se trató incluso de un candidato único; cuestión que mostró la falta de cuadros priistas, no la unidad del partido.

En su primer discurso Ochoa Reza mostró dotes políticos al dedicarle al menos una línea a Beltrones para reconocer su trabajo al frente del PRI, así como su trayectoria; esto en medio de la notable ausencia del ex dirigente, quien debía entregar la estafeta.

PRI debe cambiar o morir

Al menos en su discurso, Enrique Ochoa Reza hizo notar que sabe de qué pie cojea el PRI y qué necesita para fortalecerse.

Y en disfrazado reproche a la anterior dirigencia destacó dos aspectos negativos y determinantes, que han puesto al PRI en jaque: la lejanía entre partido y el gobierno; esto es, entre Beltrones y Peña Nieto; y el deficiente papel de comunicación social del equipo beltronista, que frente a las críticas de adversarios al gobierno, el PRI no dio batalla.

Entre las directrices que tomará Ochoa Reza al frente del partido tricolor destaca la exigencia que hace al presidente Peña Nieto para que él y su gabinete rindan cuentas al PRI sobre la toma de decisiones, aplicación de políticas públicas y en general de su quehacer.

Una Nueva y moderna relación PRI-Gobierno para que la administración peñista rinda cuentas al partido y el partido sea el defensor de la ciudadanía frente al gobierno, así lo propuso Reza al presidente Peña Nieto, como para prever otro descalabro del partido en las elecciones.

La premisa velada en este contenido es que PRI no se puede ganar votos si el gobierno no atiende las demandas ciudadanas, si no se acerca a la gente.

Falta ver si Peña Nieto acepta la propuesta. Lo cual parece imposible que suceda, que el gobierno de EPN rinda cuentas al PRI, escuche a través del partido las demandas ciudadanas y, además, las atienda.