POLÍTICA

Si se analiza a Meade, desde el punto de vista de la mercadotecnia o el marketing político, como el candidato-producto que se ofrece a los electores o a los consumidores, la duda salta de inmediato.

La carencia de una atractiva mercadería en los estantes de los supermercados o de que la oferta ofrecida no convence al respetable tiene al candidato de Enrique Peña Nieto, a la cola de las encuestas, solo algo por arribita de Margarita Zavala, la candidata alterna del grupo en el poder.

Lo anterior lleva a intuir que algo está fallando, toda vez que no ha logrado posicionarse en el ánimo de los sectores sociales.

Esa falta de un producto vendible, ya tiene a más de tres al borde del desquiciamiento. Ahí está el ejemplo de los banqueros, que ante la metáfora del tigre porfiriano que les soltó el Peje en Acapulco brincaron del susto. O el de los funcionarios del BBVA Bancomer, que luego de una reunión con AMLO, no han podido conciliar el sueño, cuando dicho banco ha sido el que más beneficios ha obtenido durante el gobierno peñista por especular en la economía nacional.

El contenido defectuoso

La materia prima (funcionario en dos administraciones fracasadas: PAN y PRI) con que se elaboró el producto no convence ante el desastre a la vista: gasolinazos, deterioro del nivel de vida, corrupción, disimulo ante esta, etc.

Esas son las causas del malestar social y la gente no va adquirir un producto que sabe que le provocará diarreas, dolores de estómago y mareos, por más que la SSA imponga la obligación de anotar en el empaque que es dañino para la salud.

Empaque dudoso

En cuanto al empaque, la alianza PRI-PVEM-PANAL, no beneficia al “ciudadano” Meade. A la vista provoca rechazo y molestia.

Llevar tal envoltura le resta al candidato, pues el PVEM y el PANAL son vistos como comparsas del PRI y a este como el partido del presidente, incapaz de sacar de sus filas un solo militante para llevarlo de candidato presidencial.

Experimento fallido el de ciudadanizar al PRI

Estaba tan deteriorada la marca PRI, que su dueño buscó al exterior en busca de candidato. Pepe Meade, según su experiencia en elecciones, cumplía con los requisitos: Había sido funcionario tanto en administraciones del PAN como del PRI, era egresado del ITAM, era confiable para los empresarios y podría quitarle votos a Ricardo Anaya, el candidato de la alianza Con México al Frente.

Meade, era el híbrido ideal para esas tareas, luego de las concertacesiones salinistas que hicieron posible el cogobierno PAN-PRI y sus reformas neoliberales a través del pacto Carlos Salinas-Diego Fernández de Cevallos, que en 1989 hizo gobernador de Baja California a Ernesto Ruffo.

Sin embargo, el proceso de elaboración del producto ofrecido no cumplió con los requerimientos sanitarios, ni de calidad, pues en el mismo se usó equipo y maquinaria obsoleta (el aparato del PRI); se hizo caso omiso de la NOM que regulaba su elaboración (se cambiaron los Estatutos del PRI para avalar su postulación) y al cocinero (EPN) se le hizo bolas el engrudo y ni siquiera supo regular el fuego para el cocimiento (“dedazo” a rajatabla)

El experimento de los tecnócratas itamistas de imponer a uno de los suyos como abanderado tricolor, le va a salir caro al PRI, pues el partido se encuentra en vías del desfonde.

El priismo de abajo y el de los grupos que aglutina a la vieja guardia está agraviado con la tecnocracia que dirige Luis Videgaray. De eso no hay duda.

Es más ni siquiera la recta para la fabricación del producto es propia. Carlos Castillo Peraza, quien fuera dirigente del PAN, se quejó que el PRI de Carlos Salinas, les había robado el programa económico.

Al ojo de vista no vende

La gente-consumidor, al simple vistazo no está comprando artículo ofrecido y eso tiene destanteados al War Room, con su gerente de ventas al frente, el presidente Peña.

El montaje de su idilio con la Gaviota estilo Televisa de 2012, nada tiene que ver con el Pepe Toño Meade, de 2018, a quien su físico no le ayuda en el posicionamiento del producto, ni la marca (PRI) por demás de mala fama.

Parece que nadie se da cuenta, pero el padecimiento de salud del candidato será vital, pues cuando se ofrece un producto, que a ojo de buen cubero se percibe defectuoso, el consumidor lo rechaza, sin meterse a ahondar sobre su contenido o la calidad de sus componentes.

Por menos que eso la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) de EU, ha dejado varados en la frontera transportes cargados de frutas y mariscos y la PROFECO ha retirado de circulación productos dañinos o de riesgo para la salud.

Un slogan que no embona

El discurso de continuidad de Meade, es un suicidio. El candidato no ha podido resolver el dilema de no ser militante del PRI, pero a partido y sus sectores ha solicitado que lo hagan suyo.

Su paseo por las principales sedes del corporativismo priísta el mismo día de su destape no le benefició en absoluto.

Hasta sus mensajes nada tienen que ver con la tradición política del viejo PRI, cuya retórica aludía a gestas como la Revolución Mexicana, que la tecnocracia sepultó y a personajes de la historia oficial como Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Zapata, Villa, Obregón, Calles, Cárdenas y últimamente Luis Donaldo Colosio.

Lo cierto es que el discurso, ni el mensaje, son captados por los receptores o en su caso no provocan empatía alguna. Su voz monótona y sin matices no conmueve ni al priísta más fiel.

A Meade, le urge un comercial tan pegajoso como el de “Los tres movimientos de Fab: remoje, exprima y tienda”, que escribió el poeta Salvador Novo o como los de los habilidosos publicistas de Vicente Fox, Francisco Ortiz, quien había trabajado como mercadólogo en Procter & Gamble y en Grupo Televisa y había participado en estrategias de mercadeo de productos como Pepto Bismol y Choco Milk y Santiago Pando, a quien inspiraban los extraterrestres y que lo posicionaron como un agente del cambio con frases tan llamativas como el “¡Hoy, hoy, hoy!” o el “¡Ya ganamos!”, o como las ingeniosas construcciones de Carlos Alazraki, quien trabajó en el éxito de las campañas de Carlos Hank, Luis Donaldo Colosio, Ernesto Zedillo y Roberto Madrazo y este reputado publicista creó las consignas "Bienestar para tu familia" de Ernesto Zedillo en 1994 y "Dale un Madrazo al dedazo" para Roberto Madrazo en 2000, este último eslogan es un juego de palabras utilizando el apellido del entonces candidato "Madrazo"  o algo similar como la de “Un peligro para México” de Antonio Solá de 2006, que le pegó a Andrés Manuel López Obrador.

Hoy todo intento en ese sentido, como el “Háganme suyo” o el “Yo mero”, ha quedado en nada.

El nombre del producto

Meade no es un ideólogo de la talla de Jesús Reyes Heroles, no es un académico como Porfirio Muñoz Ledo y carece de un apellido con carga histórica como el de Cuauhtémoc Cárdenas o de Luis Donaldo Colosio, todo un símbolo para el priísmo de viejo cuño.  

Su linaje de ascendencia libanés, está más ligado a los negocios, que a la alcurnia y tradición política mexicana.

La imagen de funcionario honrado y sin cola que le pisen que buscó endilgársele, no han permeado ante temas como la Estafa Maestra, los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, el aumento de los combustibles a principios de 2017 y los 1000 millones de pesos que se otorgaron a la fundación de Josefina Vásquez Mota, cuando fungió como canciller.

Un mercado muy competido

Y si lo anterior no bastara, tenemos que el mercado electoral está muy competido.

Dos ofertas políticas como Morena-PT-PES pegándole al 40% de preferencias en las encuestas y PAN-PRD-MC con un pastel del 23%, resultan intransitables para el producto que ofrece el PRI-PVEM-PANAL, que apenas roza el 14%.

Como las acciones Televisa y Facebook, la alianza priístas-verdes, van a la baja ante la desconfianza en los mercados.

Dice Mohammand Naghi Namakforoosh, en su libro “Mercadotecnia Electoral. Tácticas y estrategias para el Éxito Político”, que el mercado se puede dividir según las actividades, intereses u opiniones de sus componentes, y en el caso parece el equipo meadista no dar con bola.

Al Peje, el puntero en la carrera las balandronadas del bufón de Enrique Ochoa y las ocurrencias de Javier Lozano, el calderonista que regresó a sus orígenes priístas, se le resbalan como el teflón. El intento de ligar a AMLO con la trama Rusa que ayudó a Trump a derrotar al Hillary Clinton y con el chavista Nicolás Maduro de Venezuela, ha fracasado y es tomado con sorna o como mera tontería entre quienes tienen ya decidido su voto a favor de Morena.

El intento de descarrilar al “Cerillo”, del segundo lugar, con toda la fuerza de las instituciones estatales para encaramar a Meade, ha fallado, pues los 4 puntos que bajó Anaya se fueron para el tabasqueño y ya involucra a organismos como la OEA, hasta donde ha llegado el diferendo e involucra a dicha organización continental en el proceso electoral. Algo nunca antes visto.

Los vendedores más torpes del mundo

En estricto sentido, será difícil vender un producto mal elaborado, incorrectamente diseñado y con tan malos vendedores.

Contar con un mal cocinero como Peña, el pleito del equipo tecnócrata con meseros como Manlio Fabio Beltrones y Miguel Angel Osorio Chong y un ménu tan manoseado como las listas de los candidatos pluris, en nada abonan a los fines de la campaña.

En el año 2000 Vicente Fox, fue un producto comercialmente atractivo de la mano de Francisco Ortiz y Santiago Pando, el publicista foxiano al que inspiraban los “mayas galácticos”, aunque al final su gobierno fue un fiasco y actualmente su torpeza política lo tiene apoyando a Meade.

Y a estas alturas pretender posicionar una Coca-Cola, con una cucaracha adentro, como la gente percibe al PRI, el partido por el que no votaría la mayoría este 1 de julio, requeriría de un Og Mandino o de un Lee Iacocca, que no tienen en el equipo de campaña.

Ni Aurelio Nuño, ni el canciller Videgaray, ni Enrique Ochoa, ni Javier Lozano, son Julio Regalado.