POLÍTICA

La Viña del Señor

En 1997 en una operación política de gran calado, el entonces gobernador Manlio Fabio Beltrones, con el aval –tuvo que ser así-- de Jesús “El Tragabalas” Zambrano, candidato a la gubernatura por el PRD, implementó la estrategia de entregar municipios para la oposición de “izquierda”, para sacar adelante la candidatura de Armando López Nogales.

Esa sesuda decisión cambió la geografía electoral de Sonora, pero permitió mantener el control político al grupo beltronista, el mismo que actualmente tiene las riendas del poder en la entidad con Claudia Pavlovich.

Ya desde entonces se hablaba de sonorenses del sur y del norte, de acá y de allá, en referencia a los foráneos, que se aparecían de repente luego de vivir muchos años fuera del estado, para asumir algún cargo, como sucedió con Alejandro Carrillo Marcor quien asumió la gubernatura ante la defenestración de Carlos Armando Biebrich Torres, tras la matanza de campesinos en San Ignacio Río Muerto y Rodolfo Félix Váldez, de quien Manlio fue su secretario de gobierno, cargo desde donde empezó a cimentar su leyenda el hijo predilecto de Villa Juárez.

La traiciones del Toñito

Al Toño Astiazarán, no lo tragan los beltronistas y lo de su militancia al PRI, era solo una impostura y coartada del guaymense para vivir del erario, eso quedó más que claro.

La razón de ese desprecio viene desde cuando en plena efervescencia por la sucesión en 2003, brincó del barco lopeznogalista, cuyo candidato fue Alfonso Molina Ruibal y se sumó a las pretensiones de Eduardo Bours Castelo, quien cuando tomó posesión de la gubernatura le espetó en su cara a Armando López Nogales, el gobernador saliente: “¿No que no llegaba?”

El Toñito, de quien desconfían los beltronistas, forma parte de una avanzada con sede en el corazón del Valle del Yaqui, los mismos que se la hicieron de cansada a Guillermo Padrés, al oponerse a la construcción del Acueducto Independencia y a quien presionaron con el Movimiento No al Novillo.

Esos mismos, aglutinados en el conocido como Yaqui Power, son los que combaten dentro del PRI, la candidatura a la alcaldía de Cajeme de Emeterio Ochoa junior, a quien perciben como una imposición del grupo beltronista y la gobernadora Claudia Pavlovich y promueven al exprocurador Abel Murrieta, como su candidato la presidencia municipal.

Hacer el mayor daño: Norte contra sur

Si bien es cierto, los que mandan en el PRI, habían procurado mantener el equilibro entre los del norte y lo del sur, cuya unidad permitió la derrota del PAN en 2015 y el regreso del expartidazo a la gubernatura, ante las candidaturas al senado de Sylvana Beltrones y el “Maloro” Acosta, los sureños se sienten agraviados y atropellados.

Sin lanzarse abiertamente a la disidencia o de plano a la oposición, el clan Bours, mueve sus cartas para causar el mayor daño posible y cobrarse las afrentas. Por eso mandaron al Toñito, a buscar una senaduría por el lado del frente PAN-PRD-MC.

En 1967, el destape del candidato de los ganaderos Enrique Cubillas Gándara, a la gubernatura, en contra de las aspiraciones de Faustino Félix Serna, representante de los grupos del sur a   quien Gustavo Díaz Ordaz, hizo gobernador, hizo estallar la violencia, como bien lo relata Ismael Mercado Andrews, en “El día en que explotó al rabia”.

Dolido con el PRI y sus hombres fuertes en Cajeme, Faustino “Tinito” Félix y Rogelio Díaz Brown, padrinos de Emeterio, Abel Murrieta, se regó en las redes sociales, estaría de seguir los pasos del Toño y buscar en Acción Nacional, la oportunidad que el PRI le negó y a quien le cantaron la de “Los maderos de san Juan”.

Campañas y dinero

Las campañas políticas hoy más que nunca se hacen con dinero, legal o sucio, es lo de menos. “Un político pobre es un pobre político”, dijo el profe Carlos Hank González, jefe del mítico grupo Atlacomulco.

De ahí que muchas de las candidaturas se definan en función de la capacidad económica de los suspirantes o sus grupos. Esa es la razón por la que se ve tanto movimiento al interior de los partidos, al final una fachada de los equipos y de quienes están detrás de los candidatos.

De esa premisa, ninguna fuerza política se salva. Tanto el salto del Toño del PRI al PAN y la “adueñada” de la candidatura que toca al PRD a la diputación federal por el 04 distrito por parte de Jesús “El Negro” Saldaña, un financiador de campañas electorales, responden a esa lógica de primaria.

El fuego sobre el Bebo Zataraín

Cuentan las malas lenguas y algunas interesadas versiones que al “Bebo” Zatarain, un archirrival del Toñito al interior del PRI porteño, no lo quieren los dueños del periódico Expreso, ni sus directivos, por eso el estocazo sobre sus aspiraciones a la diputación federal.

Al Bebo, lo acusan de andar fraguando tranzas en contra de pobladores del ejido San José de Guaymas, lugar en donde de “pura casualidad” un grupo de ejidatarios le movió el tapete al presidente del Comisariado Ejidal Jesús “El Chuy” Garza, a quien por fin destituyeron. ¿Meras casualdidades? Ahí, que el abusado lector juzgue.

Carlos Zatarain niega cualquier acusación y versión y asegura que la mano que mece la cuna en el Ejido es el mismo que está pidiendo favores a algunos medios para que lancen toda su artillería con tal de sacarlo de la jugada.

Alboroto en la granja tricolor

El PRI de Guaymas está convertido en una verdadera granja. La mística y la trayectoria partidista están en el olvido. Ante falta de producto de gallina, los tricolores ven como su partido, al menos en la forma, quedó subordinado a lo que decida el PVEM, mientras uno de sus hombres de mayor presencia en sus filas, como el Toñito, los abandona y los catafixea y solo están a la espera del “dedazo”, que resuelva las candidaturas entre los personajes con menores merecimientos: Un exalcalde con un chorro de negativos; otro exalcalde que regresa al partido solo en las maduras, un excenopista que no alcanzó a sudar la camiseta tras su paso efímero por el edificio priísta y una legisladora con muy mala imagen y a quien solo sostiene su comadrazgo claudillero y el padrinazgo maquilero.

Y entre las ambiciones de un Leonardo “El Gallo” Rodríguez y un Luis Alejandro “Gato” Bárcenas, o las aspiraciones urgentes del Alemán Otto Claussen, de poner tierra de por medio en la segunda parte del sexenio claudillero, por algún chamaco que trae atorado y el anhelado retorno por la puerta grande de Carlos Ernesto Zatarain, esperado con ansias por sus huestes como Jesús “Chuy” Fajardo, Enrique “Lito” Bueno, Oscar “Pañal” Barragán y demás clica, quienes extrañan la delicias del poder, aunque siguen prendidos a la ubre de alguna manera. En el PRI local todavía no hay nada para nadie.

Los estertores del dinosaurio: la última cruzada tricolor

De ese reducido tamaño está la caballada tricolor en el puerto, con miras a las pizcas venideras, en la que quizás sea la última cruzada del PRI como partido político, ante la debacle anunciada de la candidatura del tecnócrata y no militante Pepe Toño Meade, cuya encarnizada lucha por el segundo lugar trae deschongado al frente anayista con el gobierno federal, con quien el PAN rompió relaciones por el uso faccioso de la PGR en contra del “Chico maravilla”, a cuyos funcionarios tildó el Jefe Diego de “hijos de puta” y convirtió al Congreso en campo de batalla entre los candidatos.

El gol al gobierno claudillero con el involucramiento de Telemax de Daniel Hidalgo en la “Estafa Maestra” que implica a la SEDATU, es de pronósticos reservados.

Las cuadras del resto de los partidos y los “independientes del Otto”, con los Saldañas, Cachorros, Saras, Rodolfos, Cardozos y demás especímenes, lucen igualmente pa´l arrastre.

El respeto a los electores ya es cosa del pasado…