POLÍTICA

 

La Viña del Señor

El partido fundado por Plutarco Elías Calles, parecía inmortal. Al aludirlo se le comparaba con el famoso cuento del maestro del microrrelato Augusto Monterroso, titulado “El Dinosaurio” y que decía: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…”

Daniel Cosío Villegas, lo ubicó como una de las piezas fundamentales del sistema político mexicano, junto a la presidencia de la república, cuyo titular contaba con un poder inmenso al disponer de facultades constitucionales y metaconstitucionales como eran ser jefe real del partido en el poder y el de poner sucesor, cosa que hacía pensando siempre en sus intereses, no en los del partido y que esta vez le arrebató el canciller Luis Videgaray, quien pretende extender su poder otro sexenio.

Luis Javier Garrido, máximo especialista en el tema y quien se graduó de doctor en ciencias políticas con una tesis sobre ese instituto “El partido de la revolución institucionalizada. La formación del Nuevo Estado (1928-1945)”, lo consideró pieza fundamental en el tránsito a la transferencia pacífica del poder, para lo cual fue ideado.

En su profético ensayo “Escenarios sobre el fin del PRI” publicado en 1985, Gabriel Zaid, escribió que sería “…muy extraño que el PRI fuera eterno. Avanzamos hacia la fecha en la cual terminará” y entre los posibles escenarios naturales que traerían dicho final habló de un gran terremoto que asolara la Ciudad de México, cosa que aconteció en 1987 y cuya consecuencia fue el surgimiento de un vasto movimiento vecinal y social que nutrió la izquierda que hizo implosión en 1988 con la fractura de ese partido y que tomó el poder con las siglas del PRD de 1997 a la fecha. Hoy es escenario volvió a repetirse tres décadas después y toda la movilización y energía que emergió podría definir el cambio de estafeta el año entrante y mandar al PRI al baúl de los recuerdos. También afirmó que tal final podría ser por el advenimiento de un Ayatola contra la corrupción.

De partido hegemónico a la pluralidad política

Conocido en la jerga política en sus tiempos de partido hegemónico y funcionaba como una Secretaría de Elecciones del gobierno, como la aplanadora, el partido de las mayorías o el partidazo, pasó a “el exinvencible”, una vez que se abrió el sistema político a la competencia electoral no sin un tortuoso camino.

Esa ruta crítica implicó la Reforma Política de 1977 con Jesús Reyes Heroles que legalizó al Partido Comunista y creó las candidaturas plurinominales, su fractura interna con la salida de la Corriente Democrática en 1987, la ciudadanización de los órganos electorales, la creación de la credencial para votar con fotografía, la alternancia en 1989 con el primer gobernador ajeno al expartidazo a través de las concertacesiones salinistas, la creación de tribunales contenciosos en materia administrativa para conocer las impugnaciones electorales y después la creación del Trife, como parte del Poder Judicial Federal, la llegada de los gobiernos divididos y la pluralidad, la alternancia en la presidencia de la república, etc.

Las escandalosas alternancias

Cuando Vicente Fox ganó en el año 2000 todo mundo pensó que el PRI iba a pasar a mejor vida, pero no fue así, el panista decidió pactar con quienes “si saben gobernar” y terminó cual farsante que es apoyando a Peña Nieto en 2012 y a Meade para el 2018.

En esa elección el voto útil destinado a la izquierda cardenista se fue para el PAN-PVEM, como en 2006 se sumó a favor de Calderón, quien cogobernó con el tricolor.

Para el 2012, Calderón devolvió el favor de 2006 y el apoyo fue para Peña. Josefina la candidata panista se tuvo que consolar y conformar con alrededor de 1000 millones de pesos para su fundación de apoyo a migrantes en USA que el dio la Secretaría de Relaciones Exteriores al mando de José Antonio Meade. ¿¿¿????

La primera alternancia parió escándalos como el de Los Amigos de Fox que dirigía Lino Korrodi, hoy sumado a Morena y el Pemexgate y la segunda el de las tarjetas Soriana y Monex, en la cual de pura casualidad Meade fungía como titular de Hacienda con Calderón y tuvo que tener conocimiento de los circuitos financieros de entonces. ¿¿¿¿????

Políticos vs tecnocrátas

El PRI como partido hegemónico dio a la luz a figuras como Fidel Velázquez eterno líder de la CTM, al profe Carlos Hank González, el prototipo espécimen de político-empresario y figura máxima del grupo Atlacomulco, a camarillas como la Familia Real de Hidalgo, al jefe de la tenebrosa policía política Fernando Gutiérrez Barrios, a la Quina Joaquín Hernández Guzmán, a Carlos Jonguitud Barrios, líder de Vanguardia Revolucionaria del SNTE, a la profesora Elba Esther Gordillo, al autor intelectual del homicidio del periodista Manuel Buendía José Antonio Zorrilla Pérez, a Arturo “Negro” Durazo, a brókers como Emilio Gamboa, a operadores como Manlio Fabio Beltrones, etc.

Con José López Portillo, se incrustan por primera vez los Chicagos Boy en el gobierno a la vera de Miguel de la Madrid, secretario de Programación y Presupuesto.

Siguiendo el guión elaborado en los 70´s por Manuel Camacho Solís cuando formaba parte de la clicka de Carlos Salinas en la facultad de Economía de la UNAM. Camacho ideó la creación de un grupo compacto para tomar el poder para lo cual era necesario arribar a los puestos de gobierno y una vez ahí, ir doblegando a los feudos y grupos que estorbaran tanto de la administración como en el PRI.

La salida de la Corriente Democrática en 1987 fue preludio de la embestida que venía. La Quina, poderoso líder de los petroleros fue encarcelado a inicios del sexenio salinista. Esa acción espectacular paralizó al partido y permitió a Salinas y a su grupo de tecnócratas encabezado por Pedro Aspe, mentor de Luis Videgaray, tomar el control del gobierno.

A dicha medida le siguió el descabezamiento del SNTE y la llegada de la maestra Gordillo al sindicato. Ni los empresarios se salvaron durante el salinato, pues a través de las privatizaciones creó una nueva casta dorada de ricos, los cuales liderados por Claudio X. González, defienden con uñas y garras la designación de Meade.

Al PRI le mudó de programa y le impuso el neoliberalismo y la ideología del liberalismo social, según esto retomado de las ideas de Reyes Heroles, autor de tres tomos sobre el Liberalismo Mexicano.

Al final Salinas no pudo disfrutar su máximo logro la firma del TLC por el levantamiento zapatista en Chiapas en 1994, a lo que le siguió un año de pesadilla: la ejecución de Colosio en Lomas Taurinas y la de su excuñado José Francisco Ruiz Massieu, quien habría de liderar a los diputados priísta en la legislatura entrante y por cuyo asesinato Raúl Salinas habría de pasar 13 años encarcelado en Almoloya, la prisión de máxima seguridad construida por su hermano.

Sin poder poner candidato por la muerte de Colosio, Ernesto Zedillo, economista formado en Yale, como Meade, entró al quite bajo la férula de Joseph Córdova Montoya –cuyo papel desempeña hoy Videgaray--, el poder detrás del trono durante el salinismo y Zedillo mantuvo una sana distancia con el PRI durante su gestión a tal grado que en su administración la PGR le fue entregada al PAN en la persona de Antonio Lozano, actual abogado de Guillermo Padrés.

Al final de cuentas Zedillo, no pudo designar sucesor debido a que los grupos priístas impusieron candados como la exigencia de 10 años de militancia y haber ocupado un cargo de elección a quien aspirara a la candidatura presidencial, los cuales fueron “tronados” en agosto para permitir que un externo, como Meade, pudiera ser candidato. En ese entonces ni José Angel Gurría, ni Guillermo Ortiz, cumplían con el estatuto partidario.

Buscando posicionar al PRI ante la sonora y adelantada campaña de Vicente Fox, se abrió el proceso interno por última vez en su historia y fueron a la contienda Francisco Labastida y Roberto Madrazo, quien luego se apoderó del partido y se robó la candidatura en 2006, lo que provocó el enojo de un sector del partido y enemigos jurados como la maestra Gordillo y gobernadores como Eduardo Bours, que apoyaron al PAN sin recato en esa elección.

Y la historia es harta conocida y quedó demostrado que el Divo de Juárez Juan Gabriel con su tonadilla de “Ni Temo, ni Chente, Francisco será presidente”, sería muy bueno para componer, pero como visionario político no la hacía y luego el SAT le hizo pagar su falta de tino.

Fox, ni Calderón, tampoco pudieron poner sucesor. Santiago Creel sucumbió ante Calderón y Ernesto Cordero, compañero en el ITAM de Meade (¿¿¿¿????), perdió la candidatura ante Josefina Vásquez Mota y esta a su vez fue vendida en canal, aunque no dé a grapa.

El ciudadano Meade, el candidato perfecto pal 2018

En todo este embrollo sucesorio, destaca el hecho es que las sucesiones han estado definidas por darle certeza al rumbo neoliberal inaugurado por Salinas desde 1982, de ahí que se haya optado por un tecnócrata como presidente ( Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo) o con personaje de dicha escuela y perfil detrás (Francisco Gil Díaz con Fox y Agustín Carstens con Calderón y cuyo coordinador de asesores en la SHCP, fue Meade ¿¿¿¿????, luego titular de dicha secretaría ¿¿¿¿????)

Aunque Calderón y Peña Nieto, eran abogados de profesión, la función financiera quedó en manos de tecnócratas (Carstens, Cordero y Meade con el panista y Videgaray y Meade con el priísta).

Si por una parte Peña Nieto, como miembro del grupo Atlacomulco tuvo la habilidad para desde la gubernatura del Estado de México construir su candidatura, llama la atención que de la triada original que conformaba junto a Humberto Moreira, en la presidencia del PRI y Miguel Angel Osorio Chong, de la familia Real de Hidalgo, se haya disuelto y que entregara la sucesión a su alter ego, el canciller Luis Videgaray, itamista, amigo e impulsor de Meade, quien no figuraba en el grupo original que acompañaba a Peña y quien llegó a Relaciones Exteriores por empuje de su mentor.

Conocedor de todos los manejos financieros de dos sexenios, aunque su carrera la inició con Zedillo en el IPAB, Meade, es el candidato perfecto para el 2018, pues sin ser militante del PRI se encamina a ser el abandero de los tricolores, aunque en realidad, no es un ciudadano cualquiera como la prensa y el aparato oficial lo ha publicitado, lo es de la clase tecnocrática que ha ido invadiendo los cargos de gobierno y del partido y es la principal responsable del desastre, pues los números de Meade no son para presumirse: crecimiento anual del 2 por ciento del PIB; un peso devaluado; alza de las gasolinas con Calderón y Peña; incremento de la pobreza y la desigualdad; inflación al alza, etc.

Con un partido por el que el 60% de los mexicanos jamás votaría y con el presidente de la república peor evaluado, sin jamás haber competido en una elección, sin experiencia ante grandes auditorios, sin carisma, sin militancia e identificación con el partido que lo postulará, con un sector de políticos priístas-priístas ofendidos y lastimados por el dedazo que borró militancias de años, con la sensación de que es imposición de Luis Videgaray, quien ganó la mano a Peña Nieto y ante tiburones de la grilla como el Peje o Ricardo Anaya, no la tiene fácil.

Una vez anunciada su renuncia a Hacienda el cabalístico 27 de noviembre, se desató a la vieja usanza el apoyo de los inexistentes e inútiles sectores del partido (CTM, CNC y CNOP, creados por el general Lázaro Cárdenas, como sectores corporativos y para control de las clientelas) y lo nuevo fue la cargada o bufalada de la tecnocracia a favor del ungido, tras del cual desde Los Pinos se buscó cobijarlo con los gobernadores priístas, para que se no se vayan por la libre como en 2006, a altos directivos de las televisoras, que como TV Azteca y televisa, andan coqueteando con AMLO y se le puso a sabiendas que Meade no tiene la presencia del Peña del 2012 como gurú mediático a Alejandro Quintero, quien salió de Televisa deschongado con Emilio Azcárraga y quien fue el que diagramó la campaña del presidente.

Con estos tres pilares básicos –sin olvidar a los calderonistas de Acción Nacional-- en la bolsa habrá de arrancar la contienda una vez abierto proceso electivo y sin los cuales no hay triunfo seguro y en cuya ecuación juegan a favor el desmoronamiento del Frente del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano y las candidaturas “independientes” de “El Bronco” y Margarita Zavala.

El hecho es que Peña, mejor dicho Videgaray, aunque impuso al candidato del PRI, este tendrá que ganar la presidencia en las urnas, de ahí que se asuma como su verdadero jefe de campaña y que pondrá todos los recursos legales e ilegales, incluidos los programas sociales, en ese empeño. Tal como se vio en el Estado de México.

Y para acercarlo con los grupos que bullen al interior del partido le impusieron como mentor a un verdadero zorro como Emilio Gamboa Patrón, representante de lo más impresentable socialmente.

El hibrido de ensueño

La implantación del neoliberalismo en México y su forma de concebir la política ha creado un nuevo tipo de animal político: la cruza del conservadurismo de derecha del PAN que enarbola la formalidad democrática y el populismo del PRI, con Tlatoani, rituales y clientelas incluidas.

La exigencia de la fusión del general Porfirio Díaz y José Yves Limantour, en una sola persona.

Lo anterior es indicativo del próximo final del PRI y su sistema premoderno, cuya identidad empezó a rasgarse a partir de la matanza de Tlatelolco en 1968.

Así que ciudadano común y corriente, Pepe Toño no tiene nada, nació en el seno de una familia priísta, su padre Dionisio, fue diputado del PRI y se desempeñó como funcionario foxista. Su formación de economista fue en el ITAM y en Yale como buen tecnócrata y rozó la UNAM en donde estudió para abogado, varios los expresidentes y que Roderic Ai Camp en su libro “Los líderes políticos en México”, intuyó como requisito indispensable del reclutamiento de las élites políticas de antaño. Es católico y nunca ha militado en un partido, pero si les ha servido.

Enarbola la honestidad como su mejor divisa, pero como dice el detective ficticio de las novelas de Elmer Mendoza, Edgar “El Zurdo” Mendieta, hay que temerles a los corruptos, pero más a los honestos.

Su destape, siguiendo con toda la liturgia del PRI, no contribuyó en nada a la imagen que se estaba postulando a un externo, sino a un priísta de hueso colorado y de que el partido era sumiso ante la decisión imparable del gran “decisor”, es decir el presidente o el vicepresidente en funciones, Luis Videgaray Caso.

Parricidio obligado: tomar distancia con el antecesor

Era una ley suprema que una vez nombrado el sucesor quien lo nombraba, es decir el presidente empezaba a perder el poder y salía de los reflectores para no restarle protagonismo al elegido, aspirante a Tlatoani.

En aras de legitimarse el candidato del PRI estaba obligado a romper con quien lo puso, en algo que se conoce como matar al padre simbólicamente, según los psicoanalistas.

Así lo hizo Luis Echeverría con Gustavo Díaz Ordaz, cuando en Morelia pidió un minuto de silencio por los estudiantes y soldados fallecidos en Tlatelolco. Miguel de la Madrid igual procedió con su lema sobre la Renovación Moral y el encarcelamiento de Jorge Díaz Serrano.

Carlos Salinas con el encarcelamiento de La Quina y la jubilación de Carlos Jonguitud. Luis Donaldo Colosio con su discurso en el monumento de la revolución el 6 de marzo de 1994, a días de su ejecución. Zedillo con el encarcelamiento de Raúl Salinas.

El deslinde obligado de quien lo nombró por parte nuevo mesías, antaño llamado el mejor hombre en los destapes priístas, colocado a la altura de “El Turco” de Guaymas, quien ha ocupado cinco secretarías en dos gobiernos de signo diferente (Energía y hacienda con el PAN y Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda con el PRI), está por verse.

Drama tricolor

De ahí que para el candidatazo del tricolor, a quien ya le están aflorando los cadáveres en el closet con bienes no declarados, viniendo en tercer lugar en las encuestas por abajo del Frente Ciudadano por México y Morena, le será complicado vender la idea de que el PRI, con algunos millones de militantes no cuenta con uno siquiera con la solvencia moral y la experiencia para asumirlo como candidato y de que el partido que tiene molesta a la sociedad hasta el hartazgo ahora se ha redimido y hará las cosas diferentes.

El mensaje implícito con el perfil del destapado, es que al PRI no le alcanza con su voto duro, ni sumado con el del PANAL, ni el del PVEM, para ganar la presidencia, por lo que se decidió jugarla con alguien más identificado con el PAN que con el partido en el gobierno, embarrado en el desprestigio, pues Peña Nieto, quien se asume como operador electoral genial, habrá de cerrar su sexenio con los representantes del Nuevo PRI por él presumidos en la cárcel o perseguidos por la justicia: Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge.

Todo indica que del PRI, el partido hegemónico por 70 años e invencible maquinaria electoral, solo el membrete, cual vulgar franquicia le queda.

Nada más falta que este 2018, con todo el aparato del gobierno federal y los beneficiarios de la tecnocracia detrás, ni para diversión sirva la otrora aplanadora tricolor.

De ese tamaño es el drama…