POLÍTICA
La revista Foreign Affairs publicó un artículo de la politóloga Denise Dresser en el que advierte que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador es uno de los mandatarios que parece que recibirá la agenda del nuevo presidente de EU, Joe Biden no con los brazos abiertos, sino con "el puño en alto" y prepara su discurso antiestadounidense para enarborlar un nuevo nacionalismo de cara a las elecciones del 2021 en el que están en juego 15 gubernaturas. 
 
Dresser resalta que "ya sea por pragmatismo político o por temor genuino, López Obrador cultivó vínculos estrechos con Trump y accedió a las demandas de Estados Unidos de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y controlar la inmigración. A cambio, Trump hizo la vista gorda ante el surgimiento de un régimen populista autoritario que comenzó a renegar de muchos de los compromisos que había asumido como socio norteamericano".
 
Ya The New York Times había analizado que el presidente Andrés Manuel López Obrador resultó ser un gran admirador del mandatario estadounidense saliente, Donald Trump, y su aprecio es tan profundo que cuando el presidente mexicano finalmente se puso al teléfono por primera vez con el presidente electo Joe Biden el mes pasado, elogió al presidente que dejará el cargo el primer minuto del 20 de enero y ha creado polémica con asuntos que podrían erosionar la relación entre ambos países como el ofrecimiento de asilo político a Julian Assange y la exoneración del general Cienfuegos, acusado por la DEA de vínculos con el narcotráfico.
 
"Debo mencionar que sí tenemos una muy buena relación con el ahora presidente de su país, el señor Donald Trump", dijo López Obrador, según dos personas con conocimiento de la llamada, quienes hablaron bajo condición de anonimato para discutir asuntos internos. "Independientemente de cualquier otra consideración, él respeta nuestra soberanía", publicó NYT.
 
Y preocupado de que Biden pueda estar más inclinado a entrometerse en los asuntos mexicanos, López Obrador ha pasado las últimas semanas haciendo amagos a la nueva administración.
 
"Es como un perro en el parque: rechina los dientes y te amenaza y gruñe con la esperanza de que no te acerques", dijo Shannon O'Neil, experta en México del Consejo de Relaciones Exteriores. "Está tratando de rechazar preventivamente a la Administración entrante de Biden"
 
DESEOS DE PELEAR CON BIDEN, PLAN ELECTORAL
 
López Obrador no oculta su deseo de pelear con Biden. Se negó a felicitar al presidente electo desde el principio y luego envió una nota de felicitación tardía y fría que contrastaba marcadamente con la efusiva carta que le escribió a Trump en 2016. Aprobó una ley que impone restricciones a los agentes extranjeros que operan en México, incluidos los del CIA, la DEA y el FBI. Dio marcha atrás en la reforma energética, algo que implementó su predecesor para alentar la inversión extranjera, augurando un retorno a una política energética dominada por monopolios estatales. Y sugirió que se podría dar por terminada la Iniciativa Mérida de seguridad bilateral. En caso de que estas medidas no envíen un mensaje lo suficientemente directo, el presidente mexicano ha ofrecido asilo político a Julian Assange. se negó a condenar la violencia que los partidarios de Trump desataron en el Capitolio de los Estados Unidos, criticó a Facebook y Twitter por "censurar" a Trump e invitó al presidente ruso Vladimir Putin a visitar México.
 
"Claramente, López Obrador está preparando el escenario para el enfrentamiento con la nueva administración en la Casa Blanca", advierte la profesora de Ciencias Políticas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México.
 
Para Denise Dresser, Trump y López Obrador compartían algunas afinidades obvias. Ambos tendieron a desacreditar a los medios de comunicación, insultar a los líderes de la oposición, etiquetar las críticas como "noticias falsas", evitar las mascarillas y minimizar la amenaza de la covid-19. AMLO elogió a su homólogo estadounidense como un verdadero líder, lo comparó con Abraham Lincoln e incluso viajó a Washington DC, en medio de la pandemia, para respaldar la candidatura de Trump a la reelección presidencial y alabar su respeto por la soberanía de México. La relación fue tan amable que cuando Estados Unidos arrestó al general Salvador Cienfuegos, exsecretario de Defensa mexicano, por cargos de drogas, López Obrador convenció a Washington para que devolviera al general a México.
 
Tal conversación ha cesado con el cambio de administración estadounidense. El presidente mexicano, que tan recientemente hizo hincapié en la amistad, ahora parece dispuesto a envolverse en su bandera nacional y defender el honor de su país, que considera amenazado. Las razones detrás de este cambio abrupto son tanto personales como políticas. López Obrador no teme a Biden como temía a Trump. Y así, un discurso políticamente calculado de soberanía nacional y antiamericanismo es nuevamente más útil. Con él, López Obrador puede reunir su base antes de las elecciones de mitad de período de julio de 2021, cuando estarán en juego 15 gobernaciones y el control del Congreso. Puede convertir a Biden en un obstáculo y una distracción de la profunda recesión económica de México y los estragos de la covid-19.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La Silla Rota