POLÍTICA

Sergio Negrete Cárdenas/El Financiero

Durante 14 años Andrés Manuel López Obrador vivió en la comodidad de la campaña. Criticaba, chacoteaba, protestaba. No necesitaba de planes concretos o alternativas serias, bastaban las frases. El tabasqueño ofrecía a su persona como la solución de los problemas nacionales. Las instituciones estorbaban o eran innecesarias. ¿Un Sistema Nacional Anticorrupción? Suficiente decir que sería como barrer las escaleras: de arriba hacia abajo. Nada de complicar a los votantes con propuestas tecnocráticas. En medio del lodazal peñista, bastaba presumir un plumaje impoluto.

México eligió como presidente al hombre que buscó incansable el cargo, pero nunca se preparó para ejercerlo. AMLO piensa que sus ideas setenteras, producto de una ideología fracasada, sus ocurrencias e improvisaciones, representan la visión para un sólido futuro. Agregando arrogancia a su ignorancia, las presenta como un proyecto transformacional. Que el trío de Juárez, Madero y Cárdenas abran un hueco en la Historia (con mayúscula), porque llegó López Obrador a hacerles compañía.

Los sueños guajiros no eran problema en la campaña, hoy la terca realidad ya lo está alcanzando con rapidez. El presidente de la República, este en lo particular, goza de un poder gigantesco, pero lejos de la omnipotencia mesiánica que despliega en sus discursos.

La economía no crecerá como dicta AMLO, probablemente mucho menos. Puede criticar a su propia Secretaría de Hacienda, y de paso tirarle piedras al Banco de México, pero no logrará inflar el PIB una centésima de punto porcentual. Eliminar el crimen resultó que no era cuestión de buena voluntad, sino que va en aumento. Desató una guerra inútil contra el huachicoleo, con decenas de muertos colaterales. La corrupción no se desvaneció ante las proclamaciones presidenciales de honradez, sino que sigue y probablemente aumentará (y eso que la vara peñista es muy alta) gracias a un gasto discrecional y sin control.

El presidente Trump no responde a los constantes guiños entreguistas, sino que ataca todavía más a México. El rey de España no compartió la perspectiva obradorista de que hay heridas que es necesario restañar. Hoy el gobierno destaca por apapachar a un dictador sanguinario como es Nicolás Maduro. México era un país respetado en círculos internacionales, hoy se transforma en un apestado.

No se producirá mucho más petróleo porque así lo repita el titular del Ejecutivo, tampoco la refinería de Dos Bocas costará los ocho mil millones de dólares que dicen sus planes, y menos se terminará en tres años. Tampoco CFE se convertirá en una empresa más eficiente que las privadas que hoy tanto desprecia. Mucho menos México será autosuficiente en gasolina en 2024.

La realidad alcanza a López Obrador con pocos meses de mandato. Su sexenio será histórico, sin duda, pero por su ineptitud y arrogancia, por haber abusado de un mandato democrático para retroceder a México al autoritarismo político, el mesianismo económico y la polarización social.