POLICIACA

La Viña del Señor

Desde la campaña el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, anunció que las etnias tendrían un lugar importante durante su gobierno. Muchos le creyeron, otros no.

Luego de fracasar el EZLN de imponer su agenda tras el fracaso de llevar a la Constitución los Acuerdos de San Andrés, quienes nutren el Consejo Nacional Indígena y el propio EZLN, decidieron lanzar la candidatura independiente de Marichuy Patricio, la cual no alcanzó a registrarse, pero sirvió para la propaganda y como testimonio.

Si bien es cierto no todo el movimiento indígena es prozapatista, su levantamiento armado de 1994 puso en la agenda nacional y mundial las demandas de los pueblos originarios.

Una vez obtenido el triunfo y luego el gobierno, AMLO y sus operadores, como el padre Alejandro Solalinde, no pudieron meter al redil a los zapatistas del sub Galeano (antes Marcos) y el comandante Tacho. Solalinde, terminó raspado luego de meter su cuchara a favor del gobierno pejista.

Para completar el cuadro, López Obrador, durante su toma de posesión se hincó al recibir el bastón de mando de las etnias del país en una ceremonia de ritual y parafernalia indígena. Entonces hasta se encomendó a la madre tierra cual gran Tlatoani.

En su gira indigenista por Sonora, el Peje, desplegó todo el poder de su estilo mesiánico de hacer política, lo que le valió ser calificado por el historiador Enrique Krauze, como “el mesías tropical”.

Y dejó promesas a pasto y regaños, denuncia de abandono por parte de gobiernos anteriores y una sensación de posible mejoría de las etnias.

Fiel a su estilo, hizo uso del sermón, que tanto le funciona, pero polariza.

Un INPI limitado y con reducido presupuesto

El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, es la institución insignia del gobierno de la 4T para impulsar su política indigenista. Dicho instituto ha sido señalado por especialistas como José del Val, etnólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, como institución limitada y a quien le redujeron el presupuesto, por lo que no va a tener fácil sacar la tarea.

“El Estado está lleno de estructuras institucionales, de burocracia, lleno de proyectos para la mujer, para la tercera edad, todo es burocracia, camionetas y recursos. Y le llega a la gente lo mínimo. Si son familias, porqué se apoya de manera fragmentada en lugar de apoyar directamente a las familias. Están individualizando los apoyos y no han entendido que en México la gente vive en familia. Ni siquiera hay una comprensión clara de cómo está estructurada la sociedad mexicana. Veo muy complicado aún el asunto”, remató.

“¿Dónde está el plan estratégico para la alimentación de los pueblos indígenas que están en situación de hambre? No hay, no existe”. “Hay problemas con los pueblos indígenas que están en mayor riesgo de desaparecer, pero más que atenderlos como reliquias se les debe apoyar en sus procesos de desarrollo propios”, expresó.

“El INPI tiene muchas atribuciones, pero ninguna es jurídica” y añadió “El INPI, con todo y la legislación que tiene, no garantiza la protección de los derechos de los pueblos al territorio, a la vida propia, a su propio sentido del desarrollo, que no es el de los grandes hoteles”.

“Percibo que a nivel discursivo hay una disposición hacia los más pobres, hacia los pueblos indígenas, pero a la hora de los hechos, no es así”, afirmó del Val.

Los personeros del INPI en no pocas naciones indígenas han pretendido meter su cuchara y nombrar autoridades por encima de sus usos y costumbres. En Sonora, en el caso de la nación mayo es visible esa intentona.

Se desata la fiebre indigenista y se adelanta la sucesión

Pues parece que los indígenas sonorenses son un sector que se puso de moda.

La gobernadora Claudia Pavlovich, se aventó una gira por Pótam, Bácum y Cajeme, previa a la visita del Peje.

Acorde a su teología presidencial AMLO, se lanzó con todo, discurso y promesas a pasto de la mano, en su gira “Dialogo con los pueblos indígenas”. Acólitos fue lo que le sobraron al oriundo de Mascupana en su periplo sonorense.

Incluso al priísta Ernesto “Borrego” Gándara, fuerte tirador a la candidatura tricolor, le brotó la necesidad por darse una vueltecita por rumbos del mayo, luego de la cena caliente con Ricardo Bours y el Toñito Astiazarán, aspirante a la gubernatura por Acción Nacional.

El rival a vencer en esta adelantada carrera sucesoria de vida o muerte es el engrillado y linchado mediáticamente Alfonso Durazo, a quien algunos quisieran ver desbarrancar sus aspiraciones por gobernar la entidad. Según Federico Arreola, el golpeteo en lugar de perjudicarlo, lo proyectó para la grande.

Los duales en el juego de la sucesión del 2021

Los indígenas de Sonora, desde siempre han sido tratados como objetos de los juegos gubernamentales y sexenales. El Movimiento No al Novillo con asiento en Cajeme en contra de la construcción del Acueducto Independencia, liderado por los agrotitanes, sumó a una tribu yaqui afectada por el trasvase. Ahí emergieron a la luz gentes como Tomás Rojo y Mario Luna.

Después del triunfo electoral del PRI en 2015, la etnia terminó relegada por los nuevos amos, pero el grupo gobernante tuvo el tino de adoptar y promover a un grupo de autoridades duales, mejor conocidos como los “chipilones” de la gobernadora Pavlovich, a quienes se da juego desde la Comisión Estatal para el Desarrollo de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Sonora (CEDIS) que dirige José Antonio Cruz y en su última gira por el sur de la entidad días antes de la gira presidencial se hizo más evidente tal accionar. En Pótam, al relanzar la clínica del poblado “La Güerita”, se hizo acompañar por los duales. La alcaldesa Sara Valle, se montó en ese juego.

Escuchar al México profundo

La gira del presidente AMLO, en territorio de algunas etnias sonorenses denominada “Diálogo con los pueblos indígenas”, en donde se le organizaron reuniones con grupos cuya dinámica es dinamitar o desconocer la representatividad de las auténticas autoridades de los pueblos indígenas, llamó poderosamente la atención.

En San Bernardo, Alamos, con los guarijíos el grupo de indígenas que no pertenece a “los preseros” no tuvo acceso al jefe del ejecutivo. El gobernador de la colonia Macurahui, en San Bernardo, José Romero Enríquez, no pudo dialogar con López Obrador, pero le hizo llegar una carta, en donde sus firmantes aseguran pertenecer a las asambleas comunitarias guarijías de la colonia Macurahui, así como de Mesa Colorada, Mochibampo y Bavícora del Ejido Guarijíos-Burapaco, quienes son los directamente afectados en sus tierras por la construcción de la presa Los Pilares y por lo que será la inundación del embalse y afirman en su misiva que las autoridades estatales y municipales han usado a los representantes de las comunidades de Guajaray y de Los Conejos para manipular la cesión de derechos para la obra y para firmar todo tipo de acuerdos ilegales a cambio de dinero que se supone que es para garantizar las compensaciones por la afectación de la obra hídrica.

El nefasto dualismo deslegitima el auténtico poder étnico

En Etchojoa, don Feliciano Jocobi Moroyoqui, gobernador de los Ocho pueblos mayos, con la espada de mando en la mano, no quiso dejar a dudas su legitimidad, cuando en territorio de la etnia yoreme mayo opera una secta mesiánica autodenominada que se anuncia como encarnación del pueblo denominada Consejo Consultivo de la Nación Yoreme Mayo, cuya tirada es sustituir en los hechos a las autoridades tradicionales de los mayos.

Ahí los del INPI del lugar metieron mano en la organización del evento de López Obrador y relegaron detrás de las vallas a don Feliciano y a los demás gobernadores legítimos de la tribu mayo. A un grito desde el público el presidente pudo atender a don Alfredo Osuna, gobernador mayo y ordenó a Jorge Taddei, fuera atendido en sus peticiones.

600 millones para echar andar la presa Los Pilares anunció el Peje. La obra es gestión directa del alcalde de Etchojoa Jesús “El Judas” Tadeo Mendivil, quien ni siquiera fue convidado al presidium.

Por rumbos de Pótam, en la ramada de los Mezquites, el presidente estuvo con las autoridades duales propriístas y alimentadas por el gobierno claudillero, promotoras del gasoducto de IEnova y prestas para ser utilizadas en las futuras pizcas electorales y apenas si atendió a las autoridades consagradas. Testigos del agandalle y el madruguete y como convidados de piedra figuraron el senador Arturo Bous Griffith y el diputado Heriberto Aguilar Castillo, que ni pío dijo.

No hace mucho las autoridades de Lomas de Bélem, que sostienen la lucha en contra el gasoducto de IENova, por voz de Martín Valencia, su secretario, habían advertido al subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta, el apaga fuegos de Olga Sánchez Cordero, no incluir en ninguna reunión a los gobernadores impuestos por el gobierno del estado o sea esos que rodearon al tabasqueño en Pótam.

Mal se debió haber sentido el escrito Paco Ignacio Taibo II, titular del Fondo de Cultura Económica, con amplia trayectoria solidaria a favor de la lucha de los yaquis, ante el atentado a la inteligencia. En cambio, Adelfo Regino Montes, director general del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, lució como chivo en cristalería en exposición en el presidium poteño.

El tufo echeverrista: el mesías y el chamán

Con los seris, desde Luis Echeverría Alvarez, un presidente no había pisado tierra comcáac. Entonces Echeverría les entregó el decreto que hace dueños de la Isla del Tiburón.

Por volver a la política indigenista de los 70s y 80s se pronunció el mandatario al recibir el bastón de mando con los colores azul, rojo y blanco, de significado sagrado para la tribu y esgrimir frases de inspiración y comparación cristiana. Como un émulo de Jesucristo se calificó ya encarrerado.

Daniel Cosío Villegas, autor del libro “El estilo personal de gobernar”, sobre Echeverría, fácilmente habría conectados ambos estilos de conducción dada la discurso y la verborrea, pues el Peje y Echeverría, comparten el estilo avasallador y el ser máquinas de soltar palabras, dichos y frases para regocijo de la plaza pública.

En Punta Chueca, previa limpia por el chamán “El Chapo” Barnett para sacar a los “demoños” fue la cita con los “hombres de la arena” y las peticiones se repitieron a lo largo de la gira: agua, drenaje, apoyo a la pesca y el deporte, educación bilingüe, otorgamiento de permisos de caza con consulta –no con la venia de Saúl Molina, el gobernador-, salud, cobertura telefónica, un relleno sanitario y la rehabilitación de la carretera al Desemboque. Solicitudes que en sus años de trajinar el presidente debió oír hasta la saciedad.

¿No sabe Célida López Cárdenas, alcaldesa de Hermosillo, que en ese poblado no hay servicio de recolección de basura? ¿Ignoraba Enrique Claussen, secretario de Salud, que en el Centro de Salud del lugar durante mucho tiempo no hubo médico, hasta hace unos días y ni medicinas? ¿No se sabía que la carretera al Desemboque es una ruina?

Enrique Robles Barnett, hijo de don Antonio Robles y doña Ramona Barnett y quien aspira a presidir el Consejo de Ancianos de la Nación Comcáac, cree que esta visita será de provecho para su etnia. La lucha por sustituir a Saúl Molina como gobernador de la tribu ya arrancó.

Ahora más que oír, se tiene que escuchar al México Profundo, diría Guillermo Bonfil Batalla.

Superdelegado bajo sospecha

Al superdelegado Jorge Taddei Bringas, señalan en los corrillos de la etnia yaqui como el responsable del juego dado a personajes ligados al PRI, como Rosario “El Chayo” Osuna y su protegido Silverio Jaime, exfuncionario claudillero y quien colocó en el INPI del poblado a operadores priístas en la campaña pasada, lo cual no ha caído nada bien para quienes promovieron el voto a favor del Peje desde la Casa Morada.

Las autoridades tradicionales de Vícam, tienen a Taddei, como quien les lanzó en contra a la Guardia Nacional, a raíz del pleito interno de la Sociedad Cooperativa de Transportes de Carga y Volteo de Vícam.

Uno de sus aliados, el panista Alfonso Canaan Castaños, líder en la toma de las casetas de cobro de Capufe, sacó a flote al puritano Taddei de “toma casetas” ante AMLO.

Ya muchos morenistas ven a Taddei, a quien no se le dan eso de las relaciones y el liderazgo, como un lastre para la candidatura a la gubernatura del Poncho Durazo en 2021, quien en esta gira se quedó a resguardo en la CDMX.

Proyecto Sonora: de y para lucimiento de las élites

Aprovechando lo en corto que tuvo al Peje, la gobernadora Claudia Pavlovich, le hizo entrega del Proyecto Sonora, producto de la reunión de la titular del ejecutivo con senadores, diputados federales y locales y alcaldes, en donde se contemplan una serie de necesarias obras de infraestructura de diversas partes de la entidad y ramos como electrificación, educación y vivienda. Y la referencia al Sonora Proyecta de Eduardo Bours, es inevitable.

“Entre más obra, más sobra”, solía recomendar a sus cercanos el profe Carlos Hank Gónzalez, jefe del grupo Atlacomulco. Como a reparto del pastel huele.

Sin consulta con los interesados, este proyecto, como muchos otros diseñados desde las alturas del poder político, corre el riesgo de quedar avasallado por los intereses en juego de cara a la sucesión del 2021 en la gubernatura y en donde lo que hizo y dejó de hacer el gobierno claudillero estará bajo escrutinio.

Esa desconexión entre la clase política y la gente, tiene a Chile, el país con mayor estabilidad y mayor PIB per cápita en América Latina en el colapso por el estallido de su clase media.

Con un gobierno en caída libre, luego de cruzar la línea de mitad del sexenio, no tarda en aflorar el golpeteo y el fuego cruzado entre quienes están y que se van y los que vislumbran llegar al ejecutivo estatal.

Así que cualquier movimiento de aquí en adelante será visto con sospechosismo ¡Agarren piedras!

En la gira “Dialogo con los pueblos indígenas”, López Obrador, debe saber que hay comunidades no escuchadas con las que no dialogó, porque los infiltrados en el INPI y el propio superdelegado Taddei, lo envolvieron en una burbuja, en aras de conservar sus cotos de poder.

Sobre toda la gira flotó lo pactado en 1996 en los Acuerdos de San Andrés Larráinzar sobre Derechos y Cultura Indígena, a la espera de hacerse ley.