POLICIACA

La tradición caudillista mexicana se ha hecho patente en las críticas que se hacen a Hugo-López Gatell como si éste fuera el único tomador de decisiones y culpable de la pandemia que estamos enfrentando. Por supuesto que se han cometido errores en el manejo de la crisis de salud que actualmente tenemos.

Sin embargo, la realidad es más compleja que solo pretender que si López-Gatell renuncia la pandemia llevará inmediatamente un mejor curso. Entender la complejidad de lo que enfrenta López-Gatell y México nos ayudará no solo a poner en su justa magnitud la labor de las autoridades, saber qué debe cambiar en México para que esta tragedia no se repita.

Los errores de López-Gatell pueden resumirse en tres: (a) falta de transparencia, (b) comunicación ineficaz y (c) inconsistencias. Explico cada una.

Primero: la falta de transparencia respecto a ciertos datos críticos para entender la evolución de la pandemia llevó a que no se pudieran tomar decisiones que salvaran vidas. Por ejemplo, sin el factor de expansión del modelo centinela (y su correspondiente actualización) no se pudo conocer el número total de casos estimados. Más aún sin la ubicación de las camas de hospital libres (solo dando el dato por estado) no se pudo canalizar adecuadamente a los enfermos a menos de que (como fue el caso de Ciudad de México) el estado haya hecho la labor de manera independiente. Finalmente, sin la metodología del semáforo estatal no se pudo identificar qué determinada que un estado estuviera en riesgo –lo que llevó a múltiples especulaciones sobre la posible politización de las decisiones.

Segundo: la obligación (impuesta desde Presidencia) de dar una larga conferencia de prensa diaria fue innecesariamente desgastante y llevó a López-Gatell al cantinfleo. Se confundió informar con presencia mediática. La conferencia diaria no funciona porque requiere ver 7 horas semanales de video para mantenerse informado, algo imposible para la mayoría de la población. La información se da en jornadas demasiado largas y depende, en gran medida, de la pericia de los reporteros para extraer información. Se volvió pan de todos los días buscar el minuto/segundo en el que se dijo algo que, por escrito, hubiera sido más claro y eficiente. Una conferencia semanal y datos por escrito pudieran haber sido más efectivos.

Tercero: hubo inconsistencias en la toma de decisiones, algunas por el propio aprendizaje que se dio a través del tiempo y otras por razones aparentemente políticas. La pandemia se manejó con datos estatales hasta que un día se confesó que no eran suficientemente buenos. Es verdad que no lo son. Y si no lo eran, desde el principio se debió tomar la decisión de no usarlos o de decir hasta cuándo se usarían. El uso de cubrebocas también cambió a través del tiempo pasando de no ser recomendado a serlo. Esto no fue un error de López-Gatell sino un aprendizaje que se dio en todo el mundo debido a avances científicos que determinaron su eficacia. Sin embargo, fue a él a quien le costó sobre todo porque no usa cubrebocas en las conferencias diarias. Finalmente, también fue inconsistente flexibilizar la jornada de sana distancia si los datos no mostraban con contundencia que la curva epidemiológica fuera bajando a nivel nacional.

Si bien cada uno de estos tres errores tuvieron su impacto en la pandemia, me parece que lo más grave no es lo que hizo o dejó de hacer López-Gatell, sino la forma en la que López Obrador lo desamparó.

López-Gatell tuvo el peor jefe del mundo. Fue el ejecutivo quien lo obligó a dar conferencias diarias, quien no permitió que se hiciera un plan de apoyo económico para quedarse en casa, y quien no aumentó el gasto en salud lo suficiente para hacer pruebas masivas. López Obrador no se tomó en serio la cuarentena él mismo, y por ello no usó su carisma desde el principio para motivar la cuarentena en la población.

López-Gatell tampoco tuvo las herramientas federales y locales. México gasta en salud la mitad de lo que debiera, de acuerdo a la OCDE y el CIEP. Pero aún, muchos gobernadores tienen severos escándalos de corrupción por no gastar bien. Los estados son un kínder de irresponsables.

Finalmente, López-Gatell enfrentó un problema sistémico. La pandemia resultó ser particularmente mortal en México debido a la diabetes, las condiciones de hacinamiento y la obesidad, todos factores alimentados por décadas de desatención, la falta de medicina preventiva, la industria alimentaria y la falta de educación nutricional.

Es decir, México ya era un polvorín para cualquier enfermedad. Si queremos resolver de raíz el problema, despedir a López-Gatell no es la solución. La solución es más inversión en salud, ejecutivos responsables y un congreso dispuesto a aprobar medidas económicas de apoyo. El sistema completo falló.

 

 

ExpansiónMX