POLICIACA

La historia de Guaymas es rica en anécdotas y hechos de resonancia nacional e internacional. No por nada parió a tres presidentes de la república en la etapa más álgida de la formación del nuevo Estado mexicano.

Tampoco en balde al Turco, Plutarco Elías Calles, le tocó la honrada –o deshonrosa, según como se vea— tarea de fundar el PRI en 1929, bajo otro esquema y otro membrete.

A propósito de la película “La ruta de los caídos”, algunas de cuyas escenas se filmaron en el puerto, Guaymas, da para escribir dos o tres novelas con temática parecida a la esgrimida por Guillermo Munro Palacio, en la suya.

La construcción de un imperio

El autor rocaportense narra en su obra parte de la campaña antichina desatada por la Ola Verde en Sonora, en los años 30´s del siglo XX, cuyo trasfondo fue la puesta en escena de un montaje para despojar a los comerciantes orientales de sus negocios, incluyente el naciente y posteriormente floreciente negocio de la siembra y trasiego de las drogas.

Ya antes a tan vil acontecimiento se había visto el intento de despojar de sus fértiles tierras a los yaquis, mismos que además de salvaje represión sufrieron destierro.

A finales de los años ochentas y principios de los noventas se dio en Guaymas, el más cruel atentado a la economía de las familias porteñas. Todavía el modelo maquilador encarnado en la región por Maquilas Tetakawi, que da empleo a miles pero con bajos salarios, resultado de la globalización imperante no se extendía a través de la relocalización de las empresas transnacionales, ni el programa de parques industriales –en donde el gobierno pone la infraestructura— alcanzaba su boom.

A mediados de los setentas, en pleno auge del populismo echeverrista, el sector social de la pesca local se vio favorecido al dotar a las cooperativas de créditos, embarcaciones, muelles, plantas congeladoras y demás infraestructura portuaria y pesquera, además de establecer en la entonces Ley de Pesca, una catálogo de especies reservadas para su captura a las cooperativas, entre ellas el camarón, de gran valor comercial en el mercado internacional. En esos días la producción acuícola se encontraba en pañales y era visto como una actividad exótica.

Bajo el férreo liderazgo de corte caciquil del patriarca Florentino López Tapia, un curtido tipo que se supo imponerse y gestionar ante la burocracia gubernamental, la bonanza no se hizo esperar.

A Don Flor, quien militaba en el PRI, le llovieron ofertas para cargos públicos, que aprovecharon él y sus allegados, como Eleno de Anda López, su segundo de a bordo. Lo cierto es que a Florentino, los ricos de la región nunca lo quisieron por su humilde cuna y su estilo de ejercer el liderazgo entre los hombre del mar: A punta de madrazos y a puñetazo limpio o como fuera. Fue su enemigo de clase y actuaron en consecuencia.

El imperio fue denominado Federación Regional de Sociedades Cooperativas de la Industria Pesquera Sur de Sonora, F.C.L., que fue el esquema utilizado para darle funcionalidad y el quid de todo su financiamiento era la entrega de 800 kilos de camarón del primer viaje de la temporada por barco para mantener a flote el negocio.

Y fue tanto poder el acumulado por su persona, que a don Flor se le vio ningunear hasta al mismo secretario de Pesca Pedro Ojeda Paullada.

El camarón, el opio de Guaymas

Si en el caso de los chinos afincados en Sonora, estos fueron puestos en la mira de los ambiciosos locales por el prometedor mercado del opio y sus boyantes comercios, en el de los pescadores guaymenses, lo fue el oro rosado.

“La religión es el opio del pueblo”, afirmaba Carlos Marx, pero en el caso de Guaymas, hacerse del camarón como preciado producto, lo que implica desde su captura, procesamiento, distribución y comercialización, lo cual incluye a muchos agentes económicos, obligó a maquinar toda una trama para despojar a las cooperativas de dicho tesoro, desde la caída de su dirigente máximo, “El Cabezón” López Tapia, hasta la extinción del sector.

En esa operación para llevarla a buen puerto, participaron funcionarios bancarios, líderes venales de las cooperativas, autoridades gubernamentales del sector pesquero, jueces, notarios y abogados de acreedores y deudores, trabajando por una misma causa.

Es más, hasta la oposición dentro del sector social jugó un rol en el desprestigio de Florentino y su gran error fue en haberse empecinado en ser alcalde, hecho que lo puso en la mira de sus detractores.

A Zinar Toledo, le tocó iniciar los señalamientos públicos y la bandera fue recogida posteriormente por Salvador Mendoza Martínez, quien fundó el Comité Pro Defensa de los Derechos del Pescador, desde donde grilló a placer por ser conocedor de las entrañas del monstruo al haber fungido como jefe de la oficina de Pesca en el puerto.

La “chamba” de demolición del Chava, fue reforzada después por figuras como Cecilia Soto, diputada local del PARM y después candidata presidencial del PT, el partido fundado por Raúl Salinas y su esposo Patricio Estévez Nenninger, diputado federal también por el PARM, partido paraestatal que en 1988 integraría el Frente Democrático Nacional y postularía a Cuauhtémoc Cárdenas.

Siempre se sospechó que la andanada sobre Don Flor, fue auspiciada por manos interesadas en minar su liderazgo y venía de muy arriba y que el objetivo era crear las condiciones para privatizar la pesca, acorde a las políticas neoliberales implementadas por Carlos Salinas, quien con las privatizaciones conformó una nueva casta empresarial y con sus Chicagos Boys, un grupo compacto de tecnócratas que se apoderó del gobierno y del PRI, cuya ideología itamista –del ITAM son Luis Videgaray, José Antonio Meade, Aurelio Nuño, Enrique Ochoa Reza y demás del círculo presidencial forjado a vera de Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda de Fox y Pedro Aspe -- permea actualmente.

“Cómo amigo quisiera ayudarlo, como político no puedo”, les soltó en seco Manlio Fabio Beltrones, a un grupo de líderes cooperativistas que acudieron en apoyo para el “viejo”, a quien sus opositores tenían bocabajeado, con el palacio municipal tomado y una creciente inconformidad en su contra. Enfrentamientos entre los bandos también se dieron, como el allanamiento de las oficinas del PARM y la quema de vehículos a las afueras del Hotel Playas de Miramar.

La respuesta de Manlio, confirmó la especie y los días del patriarca y del sector, estaban contados.

En 1991, José Ramón Uribe Maytorena, miembro de una familia empresarial local muy conocida y descendiente de uno de los primeros maderistas en la entidad José María Maytorena, saltó a la escena como candidato del PAN a la alcaldía e hizo morder el polvo al PRI en esos comicios.

Para 1992, la puntilla vino al promulgarse una nueva Ley de Pesca, en la cual desaparecieron las especies reservadas.

De las reformas estructurales –laboral, energética, fiscal, educativa, financiera, telecomunicaciones— aprobadas con tanta sofisticación por el Pacto por México, ni idea entonces. Manlio apenas iniciaba como gobernador de Sonora y la carrera política de Luis Donaldo Colosio, iba en ascenso.

Operación atracón: atentado de lesa economía

A la par de la operación política para derruir el liderazgo cooperativista, se echó a andar otra más siniestra y de efectos perversos, cuyo objetivo era más contundente, pues estaba dirigido a acabar con el poderío económico del cooperativismo pesquero para orillar el traspaso de los bienes –barcos, muelles, plantas, permisos de pesca, etc.— en que se sustentaba el lucrativo negocio a manos privadas, principalmente empresarios que formaban parte de los Consejos de Administración de los bancos.

El primer paso para crear las condiciones deseadas fue “empasivar” criminalmente a las cooperativas, aunque no ocuparan los créditos. Para ello fue necesario tentar a sus directivos, con lo cual no se batalló. Los moches se pusieron de moda a cambio de firmar contratos leoninos o convenios de pagos con los bienes de las cooperativas como respaldo.

Al no poder cumplir con los términos pactados o hacerse de la vista gorda las partes involucradas, se “embargaron” a diestra y siniestra los bienes de las cooperativas “deudoras” y a través de “convenios judiciales” y la flota pesquera y demás “garantías”, pasaron de unas manos a otras. Fue como quitarle un pirulí a un niño del kínder.

Incluso hasta juicios simulados a pasto se utilizaron para el traslado, pues socios de cooperativas demandaban como trabajadores y luego del respectivo convenio de reconocimiento de deuda y de pago –que no se pagaba— se hacía la machaca.

Obviamente, funcionarios bancarios, líderes cooperativistas o sus familiares y abogados de bancos y de cooperativas, terminaron con su barquito y una cuenta muy gorda, como recompensa a sus complicidades. Hasta con cooperativas se quedaron algunos implicados. Del tema supieron bastante entre otros Tomás Burns, José Javier Peralta y Alfredo Castellanos.

Para las cooperativas no hubo Fobaproa, que las rescatara, como Ernesto Zedillo, hizo con los bancos.

A los beneficiarios del atraco se les puede ver disfrutando las mieles de la rebatinga, mandando a sus hijos a escuelas caras, con sus buenas casotas y dándose la gran vida.

La ruta de los “jodidos”

Años después, pretendiendo retomar la gloria del cooperativismo, en cenizas, se formaron federaciones con más pena que gloria y solo con la intención de sus líderes de lucrar económica y políticamente: Federación del Puerto de Guaymas que dirigían el “Molico” Juan Manuel Félix Espinoza y Manuela Ojeda Amador; la Luis Donaldo Colosio que presidía Raúl Sánchez Fourcade, quien terminó de defensor de oficio de su junior, el edil expanista Gabriel Raúl Sánchez Almeida, por quien da la cara por los líos en que se mete y la de “El Vitrinas”, Gonzalo Rodríguez Cacho. Estas organizaciones fueron solo un remedo de la federación de Florentino.

Tiempo después la comercializadora Ocean Garden, puntal del gobierno federal en la actividad ya que se encargaba de refaccionar a quien ocupara fue privatizada al ser adquirida por Ricardo Mazón, Julio Ramón Luebbert y la familia Bours.

Ahora, da verdadera lástima ver a quienes fueron los dueños del mar y sus pescaditos pelear por un local en el Mercado de Mariscos, construido a un costo de 15 millones de pesos sobre el malecón Turístico, como una regalía de Otto Claussen a Manuel Ibarra Salgado, por dejar la tesorería.

Cómo puede verse, si la campaña de la Ola Verde de los años 30´s, estuvo pesada por su rapacidad, la de los 80´s y 90´s, fue peor de cruel e injusta por donde se le vea, al pulverizar una economía local y orillar a todo un pueblo a la pobreza.

Y luego dicen que los del Estado Islámico y Al Qaeda, son una bola de cabrones…