POLICIACA

El martes 13 dio comienzo en Brooklyn el juicio contra El Chapo Guzmán. El “capo de capos” del narcotráfico mexicano –tranquilo la mayor parte del tiempo– parecía seguir obedientemente una coreografía organizada por sus abogados, una puesta en escena con narcos como actores, en la que juega un papel destacado Emma Coronel, la esposa del sinaloense. Durante los tres primeros días de audiencias la pareja no dejó de intercambiar guiños cariñosos, tal vez para ablandar el corazón de los jurados. El corresponsal de Proceso en Washington obtuvo uno de los disputadísimos lugares asignados a la prensa en el juzgado. He aquí su crónica.

NUEVA YORK.- La sala del juzgado federal a cargo de Brian Cogan, en el octavo piso de la Corte Federal del Distrito Este, en Brooklyn –donde se enjuicia a Joaquín El Chapo Guzmán Loera–, se volvió un foro de intrigas, traiciones, escándalos y morbo, por los argumentos y declaraciones que se hicieron en torno a la vida del delincuente mexicano más famoso del mundo.

El juicio al Chapo, el “capo de capos” del narcotráfico de México –como lo pinta ante los 18 miembros del jurado el gobierno de Estados Unidos–, absorbió en tres días la atención de prensa y público internacionales. El caso es una bomba noticiosa y de suspenso desde que arrancó la primera audiencia, el martes 13.

La sesión se inició a las 09:30, pero seis horas y media antes, a las puertas de la Corte en Brooklyn se comenzó a formar una fila con decenas de reporteros de varios países, quienes querían asegurarse un lugar en la sala donde se juzgaría al narcotraficante sinaloense. Sólo 40 lo lograron; otros, más de 70, fueron enviados a otro recinto, donde se transmitió la audiencia en video y audio en vivo.

La sesión empezó como si fuera el primer episodio de una narcoserie. El juez informó al equipo de abogados y a la fiscalía, que una de las integrantes del jurado –sufría de ansiedad y pánico– debía ser reemplazada: no tendría capacidad de ser imparcial a la hora de emitir su veredicto, por el pavor que le causa el capo sinaloense. Otro integrante del jurado se quejó porque la duración del juicio –calculada en tres o cuatro meses– lo llevaría a la ruina, pues está desempleado.

Cogan suspendió la sesión para reunirse con la defensa y la parte acusadora a fin de reemplazar a los dos jurados. Ese proceso tardó más de cinco horas. Por las medidas extremas de seguridad que tomaron los alguaciles federales, y con la venia de Cogan, a los reporteros se les prohibió salir de la sala; no pudieron ir ni al baño.

Después de que Adam Fels, en nombre del equipo de siete fiscales federales, presentara la argumentación de apertura sobre las acusaciones contra Guzmán Loera, tocó el turno a Jeffrey Lichtman, uno de los tres defensores del narcotraficante. Y soltó la bomba: “Todo el gobierno de México, hasta el actual presidente (Enrique Peña Nieto) y el anterior (Felipe Calderón) reciben cientos de millones de dólares del narcotráfico”, declaró Lichtman ante el jurado.

La defensa del Chapo argumentó que el historial delictivo que el gobierno estadunidense achaca a su cliente es un mito. Sostuvo que el verdadero jefe de jefes del Cártel de Sinaloa es Ismael El Mayo Zambada.

Lichtman añadió que su afirmación de que el presidente y el expresidente mexicanos recibieron cientos de millones de dólares de parte del Mayo Zambada y no del Chapo, se demostraría durante el juicio.

Los testigos de la parte acusadora son, en su mayoría, narcotraficantes mexicanos, algunos ya enjuiciados y en espera de sentencia, que piensan que será benévola gracias a acuerdos que firmaron con el Departamento de Justicia, mediante los cuales varios de ellos se comprometieron a traicionar al Chapo.