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La Viña del Señor (No apta para llorones)

La reforma electoral para el 2021 en Sonora, terminó como daño colateral de la pandemia del coronavirus.

Cuando iba en caballo de hacienda el Dictamen de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales del Congreso del Estado, sobre diversas modificaciones proyecto de reforma  que tocaba más de 70 artículos de la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales para el Estado de Sonora (LIPEES), naufragó ante la mutación de ciertos legisladores, que como el covid-19, experimentaron ante el cambio de línea desde el centro, es decir de los jefes nacionales de los partidos involucrados.

El ajuste que vino del sur

De un de repente algunos diputados locales identificados con la Alianza Arcoiris (PRI, PAN, PANAL, PES, PT y MC), decidieron salirse del huacal y hacer suya la postura opositora de Morena a la reforma electoral.

Un iluminado Rodolfo Lizárraga, el diputado del XIII distrito, expresó que combatir la pandemia era prioridad sobre la reforma comicial. “El Principito” Ramón Flores, reculó para atrás en reversa y abjuró de su postura a favor. 

Luis Mario Rivera Aguilar del PVEM y Dolores del Río (MC), alinearon su voto con Morena, para acabar con la ilusión electoral.

Los 12 votos de Morena, incluyendo al renegado y expulsado Luis Armando Colosio, 1 del PVEM, 1 de MC y 4 del PT superaron en número a los 5 del PRI, 3 del PAN, 2 del PANAL y 5 del PES, cuando se ocupaban al menos 17 para sacar avante la reforma. La derrota estaba más que vista.

Nada más por eso el punto de acuerdo respectivo no se discutió en la agenda el anterior martes, quedando en el limbo lo dictaminado. Este jueves el diputado Jesús Alonso Montes Piña, presidente de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales, retiró de la orden del día dicho punto y solo quedó para incluirse en la legislación electoral lo dictaminado por la Comisión de Igualdad de Género, en lo que respecta a la violencia política contra las mujeres y el procedimiento sancionador respectivo.

Por lo pronto aquellas propuestas de reducir los tiempos de campaña y precampaña, incluir la fotografía en las boletas de los candidatos a gobernador, las alianzas y coaliciones de los partidos de nueva creación o los cambios al Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEE y PC), quedaron en hibernación.

El 31 de mayo es el último día para incorporar reformas a la ley electoral para que sean aplicables en la elección de 2021.

En la hipótesis de un Morena triunfante

Con ese movimiento en el tinglado legislativo se fortalecieron las posibilidades de Alfonso “Poncho” Durazo, de ser el candidato de las mayorías a la gubernatura el año próximo. Y la colación para Sonora entre Morena-PVEM-PT y quién sabe si el PES, va con todo y presumen tener la gubernatura en la bolsa ante un PRI-PAN-PRD desarticulados.

No les faltan razón a los guindas y a los colosistas norteños, pues difícilmente tales formaciones políticas podrán recuperarse del descontón, aunque derecho al pataleo tienen.  Con un fiel y buen presidente  estatal a la cabeza de Morena, como director de la orquesta, capaz de alinear a los alcaldes emanados de sus filas y a los diputados federales, el círculo estará cerrado.

La demostración de power para modificar la correlación de fuerzas y un destino casi anunciado, dejó mal parados a los operadores priístas y panistas, principales promotores de la reforma, envalentonados desde la exitosa estrategia que hizo posible la Ley Veto, que minimizó al partido del Peje.

En ese entonces la maniobra cuajó debido a que el gobierno del Estado se encontraba a mitad del camino, pero en la actualidad, casi dos años después, va de salida y la transmisión del poder ganado en las urnas en 2015, no tiene quien lo capitalice, cuando los precas más mentados están desaparecidos del escenario estatal producto de las medidas sanitarias de distanciamiento social o porque el protagonismo lo han acaparado actores del sector de la salud, siendo uno de estos privilegiados el guaymense Enrique “Kiki” Claussen y párenle de contar en el bando tricolor. No tardan Ernesto “Borrego” Gándara, Miguel Ernesto “El Potrillo” Pompa Corella o Ernesto “El Pato” de Lucas, de disfrazarse de pérdida de enfermeros o camilleros para tratar de llamar la atención. Por el lado panista Antonio “Toño” Astiazarán, apenas si es mencionado, como igual sucede con Ricardo Bours de MC.

A estas alturas del partido varios de los sonantes están desinflados y no lo saben.

La manzana de la discordia

El punto de no acuerdo que echó abajo la propuesta de reforma, cuya falta de consenso la hizo polvo, fue que Morena, le vio las orejas al lobo al percibir que se pretendía el control de Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEE y PC).

Hubiera sido fatal para el proceso electoral venidero encararlo sin el apoyo de la primera fuerza política en la entidad y casi tan escandaloso como lo fue la aprobación de la Ley Bonilla. El agandalle hubiera acarreado un mayor desprestigio sobre sus promotores.

Según los enterados el IEE y PC, era vital de controlar y en el dictamen se contemplaba crear una oficialía de partes y archivo con facultades para nombrar al titular de la secretaría Ejecutiva y a los de la dirección del Secretariado, así como una Comisión de Administración con facultades para nombrar y remover titulares de las direcciones de Administración, la de Fiscalización y la de Comunicación Social y establecía que los funcionarios que se encuentren en servicio el treinta de junio ya no podían ser removidos. ¿Cómo la ve el amable lector?

Un dato interesante es que en el mes de septiembre, el INE habrá de relevar a tres consejeros del IEE y PC y estos no podrán remover al personal nombrado, tal como la fallida reforma preveía y configuraba parte de la maniobra intentada.

Esa delatada y oculta colonización de los órganos electorales por parte de los gobiernos en turno, los grupos de poder y los partidos, que negociaban cuotas en su integración, constituía la manzana envenenada dentro de la canasta.

De por sí ya es ventaja para el partido en el gobierno que el titular de la Fiscalía Especial en Atención de Delitos Electorales, se encuentre adscrita dentro del ámbito del ejecutivo, habida cuenta que la autonomía de esta instancia es más que dudosa.

¿Quién gana y quién pierde?

En los numeritos finales del affaire reformista, el partido Morena se impone como fuerza mayoritaria con capacidad de forjar alianzas legislativas con miras al proceso electoral próximo.

El PT y el PVEM, al plegarse a los guindas, amarraron ser parte de la venidera coalición que llevará al Poncho Durazo de candidato. Esto si el diablo no mete la cola. 

Por el lado del PES, partido que perdió el registro, pudiera ser contemplado como parte de la coalición anunciada, una vez que expíe sus pecadillos y se santigüe con agua bendita.

El PRI, queda minado como partido en el poder estatal y su futuro depende de negaciones que en las alturas habrán de darse.

Para los panistas, cuyo partido no acaba de venderse como oposición, la amenaza del partido calderonista, pudiere serle contraproducente y lo mismo puede decirse de los intereses políticos del exgobernador Guillermo Padres, figura influyente dentro de sus filas, incluso sobre su presidente Ernesto Munro.

Del PRD, ni hablamos por salud política. La tumba política parece ser su destino. Otra alianza con el PAN es lo único que le queda para sobrevivir.

El PANAL, está a lo que le tiren los partidos mayoritarios y con posibilidades de triunfo.

Movimiento Ciudadano, no las trae todas consigo. Representado por Dolores del Río en el Congreso del Estado, quien de paso cobró venganza de los desprecios pasados de los actuales panistas en el poder legislativo local, complicó el futuro de una candidatura de Ricardo Bours, al no pasar las reformas electorales. Su carambola fue de varias bandas.  

Como pudo verse, la democracia con todos sus asegunes, con o sin adjetivos y en la cual a decir de Aristóteles, once tontos pueden más que diez sabios, es un ideal a perseguir, aún y a pesar de sus actores políticos.