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Allá por el lejano año de 1985, cuando al mando de José Luis Hernández Salas, mi entrañable hermano Gustavo y este incipiente reportero, habíamos fundado la revista Opinión –calles Tabasco y Yáñez—llegaron hasta nuestra puerta a pedir una oportunidad como reporteros, una jovencita de nombre Sara Valle Dessens y José Luis Blanco Argil (qepd),ambos estudiantes de comunicación en la Unison.

Ambos, llenos de algo que con el tiempo en este oficio va desgastándose y, amenaza con volverse cinismo : idealismo, ilusiones por querer cambiar las cosas, ambos crecieron en un ambiente formidable de trabajo, de compañerismo y, sobre todo en un periodismo enfrentado –como debe ser – al poder político que avasalla y corrompe todo a su paso.

Fue una revista que sentó todo un precedente, donde su majestad la crónica y el reportaje se hacían presentes en cada edición –también el miedo—y, en este medio vio y dio sus primeros pasos Sara Valle a quien la vida –y, la horda de salvajes encabezados por AMLO—volvió a colocarla como alcaldesa del sufrido puerto de Guaymas; en la primera ocasión le cortaron la cabeza desde el Congreso del Estado, merced al diputado y compadre del “Tragabalas” y asaltante de bancos en su juventud, Jesús Zambrano Grijalva.

Ahí, supo en primera instancia la inefable Sara Valle –“del Mayo” le decía en broma y despertaba su coraje-las vicisitudes del periodismo, de las jornadas bajo un sol abrasador –pensar en tener carro, era un sueño—y, del desdén de muchos políticos para atendernos.

Al final se convirtió en lo que tanto criticó, desprecia a los reporteros y encima los culpa de todos sus errores; lejos, muy lejos quedó aquella jovencita llena de ideales, de nobleza; hoy, su alma, su espíritu fue inundado por la soberbia, la misma, por la que ahora, la tierra es concesión del mal.
Y, pensar que amenaza con reelegirse: pobres guaymenses.

 

 

 

 

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