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“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo.”

Elie Wiesel

No se requiere un sesudo análisis para entender o explicar  lo que en el Municipio de Guaymas está ocurriendo. La violencia es un fenómeno cada día más común y sin señales que  vaya a parar.

La violencia que vive el municipio ha  superado la tesis que  señalaba que en los niveles más bajos de desarrollo y un alto índice de pobreza, los individuos son más propensos a actuar al margen de la ley, la desesperanza y la desesperación es una combinación que lleva a los extremos, planteaban los teóricos.  

Pero contrario a esa idea tenemos que el desarrollo tiene una relación muy estrecha con la violencia y la criminalidad, es decir si eres pobre puedes ser violento y delinquir,  y si eres de mejor posición económica también.

Referirse a la violencia como algo ajeno o hablar de las violencias y sus múltiples orígenes, solo nos ubica en un círculo de análisis y estudios en lo general al torno y  al concepto de violencia, dejando por fuera la atención de los problemas que derivan del análisis mismo.

Por ejemplo el contexto en el que se presenta la violencia es un concepto restringido espacial y temporalmente  contrario a este planteamiento el politólogo y profesor australiano John Kane sostiene que la  violencia es un acto relacional, un tipo de relación social, además que  la subjetividad de la víctima es negada o disminuida, tratándosele de objeto.

En razón de lo anterior podemos mencionar que la violencia no es un hecho aislado, como tampoco es algo que ocurre en cierto lugar solamente, o es un tema de estratos sociales;  la violencia es un elemento  de las relaciones entre los individuos y  es “algo” entre nosotros.

La violencia es un adjetivo que llega a definir algunas relaciones, de ahí las definiciones son diversas, violencia de pareja, social, laboral, de género, familiar, verbal o política.

No podemos generalizar diciendo que la violencia  existe en todas las relaciones sociales  pero si podemos asegurar que la violencia  está presente en espera de manifestarse en cualquier momento, es decir en toda relación social estará latente la posibilidad de que la violencia se de,  dependiendo de múltiples factores, entre los que se encuentran  el distanciamiento, el desplazamiento y el aprendizaje de la violencia.

Una característica de la violencia es que en medida de que  el agresor se encuentra distanciado de la víctima, es menor su empatía, hecho distinto al que  aun con cercanía y empatía surgen hechos de violencia; pero  la desvalorización del otro y la cosificación permiten el avance de la violencia en algunos casos y la percepción del agresor sobre  los demás es muy elemental son objetos que no tiene valor alguno.

Lo ocurrido en el Municipio de Guaymas es un claro ejemplo de las consecuencias que se generan  cuando todas las posibles variables, hechos y circunstancias se conjuntan y todas operan en contra.

El  resultado de esto es una ciudad donde el aprendizaje de la violencia se ve cada día más normal, la falta de empatía está en crecimiento y la violencia hacia otros es un fenómeno cada día más común, pero si a esto le agregamos la presencia del crimen organizado tenemos el caos necesario para desestabilizar una sociedad.

John Bailey, en su libro Crimen e impunidad   argumenta que una sociedad que no resuelve la criminalidad en sus diversas formas, fortaleciendo el contrato social, el sistema de justicia penal, el ataque a la corrupción y una auténtica responsabilidad de los funcionarios electos con los votantes, solamente genera fractura en la gobernanza democrática.

 Ahí es donde el problema  se agrava en el Municipio de Guaymas, nada absolutamente nada funciona en la ciudad, hecho que no es nuevo, pero que en razón de la inoperancia de la actual administración la situación no se agravó pues ya venía en picada, solo mutó y continuó alimentando  el proceso  de descomposición social.

La actual administración de Sara Valle puede entenderse como una sátira de un sistema enloquecido o como un ejemplo de locura reveladora de verdades ocultas.

El escritor juan Villoro en su  crónica La alfombra roja y El imperio del narcoterrorismo ya hablaba sobre las formas raras de la política mexicana: “La cultura política mexicana prestigia la felicidad del modo opuesto: lo importante no es lo que se ve, sino lo que se oculta” .

Eso es precisamente es la constante en la administración de Sara Valle, su pretensión por ocultar, por  no asumir la responsabilidad y pensar que toda una ciudad vivirá la realidad que ella vive,  la lleva a cometer toda clase de errores como el asegurar que en materia de seguridad pública:  “vamos bien, este.!!! en la cuestión de seguridad vamos bien, se han implementado muchas cosas”(sic).

Histórico y muy lamentable  son  las  ejecuciones de elementos de seguridad pública del Municipio de Guaymas,  así  como inédito es el tema de los audios, videos y  las narco mantas que hoy en día son lonas impresas que muestran incluso organigramas  donde se detalla la supuesta participación de funcionarios municipales, civiles y autoridades, en esa detallada  descripción de la estructura delincuencial.

En Guaymas muchas cosas han cambiado y es la sociedad misma la responsable de esos cambios,  como responsable es de las decisiones que se toman y de las autoridades por las que se votan.

 La falta de análisis y de compromiso social ha llevado a diversos personajes al poder que han terminado siendo un fiasco, pero ese desdén también ha provocado que mejores perfiles tomen en serio la política local y se aíslen dejando los espacios  a cuanto ocurrente  se anima  cada tres años y sale a  buscar el voto popular sin la menor idea de lo que es gobernar.

La pérdida de credibilidad en las instituciones en Guaymas ha ido creciendo y señales de alerta siempre han existido, pero nunca se perciben, la más reciente Tendedero Guaymas, página de Facebook que pretendió encausar las denuncias de mujeres víctimas de  violencia de género.

La reacción de la sociedad guaymense  fue de morbo y en muchos casos de burla, pero sin ver la realidad, porque en  esa realidad  todos tendríamos  responsabilidad, por un lado las familias que quedarían expuestas en las formas de educar a sus hijos e hijas,  y  por otro la Cada individuo dispone de ciertos valores que son consecuencia de su familia, su educación y su desarrollo como persona,  estos valores le guiarán sus decisiones en las situaciones de la vida en las que deba escoger entre tal o cual camino y por último  las autoridades que se muestran indolentes ante los  hechos de violencia hacia  las  mujeres, las cuales en el caso de ser atendidas vuelven a ser revictimizada por la autoridad que se supone es quien debe  protegerla.

Esta situación tuvo su mejor aliciente en los  medios de comunicación locales,  los cuales por un lado callan en razón de intereses económicos y por el otro son los mismos medios locales los que difunden el mensaje de terror y violencia,  el cual puede ser un video, audio o lona, lo cierto es  que hablar de más o hablar con la verdad es un riesgo en el puerto;.

La negación de la realidad en el puerto es ya una regla, se tiene que ser cuidadoso con lo que se dice y con lo que se hace pues contrario a otras épocas ese personaje turbio, reservado que se manejada en la realidad alterna de toda ciudad, hoy en día es un ciudadano más que igual es un “buen  vecino”, “buen samaritano”, “buen hijo” pero con una dualidad donde su persona se transforma en un ser cruel que no tiene escrúpulos al cumplir una orden del patrón.

En Guaymas todas las batallas se  han perdido, la más reciente y de relevancia nacional fue el fracaso de la militarización de mandos policiales, acuerdo con el que el gobierno federal buscó  la articulación de los programas de prevención y operativos que ayudarían  a inhibir los delitos, sobre todo los de alto impacto para los 5 municipios de Sonora con mayor incidencia delictiva, Cajeme, Hermosillo, Guaymas, Empalme y Navojoa.

Estos municipios recibieron  un mando militar para dirigir las comisaría generales de seguridad pública correspondiendo a Guaymas el capitán Andrés Cano Ahuir, quien fue electo comisario en sesión de cabildo el 21 de agosto  del 2019,.

A un año  de su llegada nada cambió y la percepción es que cada día  empeora y lo peor es que a la fecha se desconoce cuál fue el plan, las estrategia y el programa que se implementaría para reducir la incidencia delictiva.

Guaymas es una evidencia de lo que siempre se dijo sobre militarizar la seguridad pública, que más que ser una acción que cambiara las dinámicas y estructuras de las policías locales es una medida de contraataque a los grupos criminales.

En  México, el crimen organizado evolucionó de un conflicto policial o de seguridad pública a uno de seguridad nacional; la participación militar en cuestiones de seguridad interna provoca una profunda desprofesionalización de las policías locales y  genera condiciones para una mayor intervención militar en política, dispara las  violaciones a los derechos humanos y transforma las relaciones civiles- militares, al mismo tiempo que afecta la institucionalidad y consolidación democrática y no disminuye los niveles de violencia e inseguridad.

Según los reportes del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública este 2020, existe un incremento del 65.97% en cuanto a víctimas de homicidio doloso en Sonora,  de 679 presentadas entre enero y julio del 2019 a mil 127 este año.

En el Municipio de Guaymas los homicidios crecieron un 172 %, lo que demuestra que en efecto la militarización en el Municipio es un fracaso, se apostó a la capacidad coercitiva del Estado Mexicano, dejando por fuera la posibilidad   de una política de seguridad, plasmada  en diversas acciones con enfoque integral hacia la prevención de la violencia. 

Es evidente que la Presidenta Sara Valle y el Comisario no tienen la menor idea de cómo salir de esta situación,  ignoran que  el aumento en el consumo de drogas en el municipio ha ido en aumento durante los últimos 4 años , lo que tiene como efecto directo el aumento en el narcomenudeo el cual de sobra esta decirlo  es considerado como una de los principales causa que originan la  violencia.

En este punto o la Presidenta Sara Valle no entendió el plan de seguridad pública de  Escobedo Nuevo León o la Alcaldesa Clara Luz Flores Carrales le dio gato por liebre.

En Escobedo Nuevo León se tiene un 90% de la corporación como policía de proximidad y solo un 10% pertenece al grupo de reacción, pero es necesario mencionar que lo hecho en el Municipio de Escobedo, Nuevo León, no fue un plan de trienio, es una política pública implementada desde el 2010, donde es la misma sociedad la que ha vigilado su vigencia y permanencia, es decir los ciudadanos decidieron  tomar en serio el tema de la seguridad y las autoridades han refrendado ese compromiso.

Por el contrario en Guaymas se implementa un plan de extermino y desarticulación del Estado de Fuerza, el cual de por si se encuentra vulnerable y con la reducción habrá menos elementos en la ciudad;  al Policía en Guaymas se le exige mucho pero se le paga poco.

La percepción de la administración  que encabeza Sara Valle es de un completo desastre y su honorabilidad está por los suelos, no en vano la guerra que se vive en el Municipio de Guaymas es mediática y de plomo, por un lado se filtran datos, videos, nombres, hechos y circunstancias que exhiben a la autoridad  y por el otro las ejecuciones son tema de todos los días, la intención de minar a la institución coloca al Municipio ante un riesgo sobre quién realmente gobierna.

Sara Valle llegó por segunda ocasión al poder, sus “triunfos” se deben a las “circunstancias”, no hay una sola acción de gobierno  que amerite un análisis, en 1999 le fue revocado el mandato y prácticamente ese día fue tomada la ciudad por elementos  de seguridad estatal ante la posibilidad de un enfrentamiento;  las historias de lo ocurrido siguen vigentes.

20 años después otra vez las circunstancias  la llevaron al triunfo pero se anticipa un resultado similar, no habrá revocación de mandato pero si se dejaran secuelas difíciles de resolver.

Sara Valle ha llevado al extremo el desdén y la frivolidad con la que se conduce, al grado de acusar una conspiración que no la deja gobernar, pero olvidando que es ella misma la que propicia toda clase de ilegalidades e irregularidades al interior de su administración, todas las faltas administrativa existentes en ley que rige la materia, han sido cometidas por la actual administración, hecho que pone en evidencia la falta de compromiso y la irresponsabilidad de la actual administración.

Que la Presidenta Sara Valle diga que todo va bien, cuando en dos semanas van alrededor de 15 ejecutados al parecer relacionados con el crimen organizado, es similar a lo dicho por el Doctor Hugo López-Gatell respecto a que la curva de contagios se aplanó, cuando tenemos 64,000 muertes.

El embotamiento emocional que muestra la Presidenta Sara Valle raya en una disociación de la realidad que se vive en la ciudad y no es un parámetro para la actual administración, situación que los aleja cada día más de la ciudadanía.

Muy interesante será saber que datos, cifras y avances mencionará la Presidenta Sara Valle en su próximo informe de gobierno, difícil se ve un mea culpa y  por el contrario el pronóstico se ve muy turbio porque concluirá en una narrativa de para bienes con un evidente sentido despersonalización, desrealizacion  y una disociación de la realidad.

La Presidenta Sara Valle es un pasajero más, que solo ve pasar los días y cree que la ciudadanía la premiara con una posible reelección.

La actual administración es el vivo ejemplo de lo que es el caos y la impunidad y las consecuencias de una pésima gestión de gobierno, la falta de un programa de gobierno y la ausencia total en el tema de seguridad pública.

La actual administración  juega con la vida de los ciudadanos pretendiendo hacer creer que lo ocurrido es un  “ajuste de cuentas” entre grupos crimínales, cuando la realidad es la presencia cada día más evidente de crimen organizado en razón de las “facilidades” obtenidas por la falta de una autoridad que los combata.

Al día de hoy faltan 277  días  para las próximas elecciones, el reto no será para los candidatos y sus propuestas de campaña, la disyuntiva será qué esperamos que ocurra en los próximos años, qué Municipio anhelamos ser,  qué tanto valoramos nuestra tranquilidad pero sobre todo cómo esperamos ser reconocidos,  como un municipio donde no importa la vida, si es un policía o delincuente, donde importa más el desabasto de cerveza, donde el morbo de ver quién es señalado como abusador es más importante que atender a las víctimas, donde no importa el estado de derecho, donde la impunidad se vuelve un gracia y la corrupción una constante,  donde no importa el progreso, la generación de empleos, no importa la veracidad y pertinencia de los medios de comunicación, donde no importa mejorar las estructuras sociales. 

Hay algo que no cuadra… ¿Me entiende? Somos los mismos, pero en diferentes contextos, No estamos contentos con quienes están, pero tampoco estamos dispuestos a apoyar a quienes quisiéramos que estén, e incluso, muchos quieren que no esté ninguno, cosa que es imposible…

Los responsables no son ellos….., somos NOSOTROS……