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La Viña del Señor 

La Tribu Yaqui vuelve de nuevo a poner la muestra al resto de las etnias del país en cómo defender sus recursos naturales y su territorio, así como sus deseos de dejar de ser considerados como ciudadanos de tercera y ejercer el derecho a acceder a una vida digna y sin discriminación.  

Con su movimiento, que implicó la toma de medidas drásticas, apostaron fuerte, con riesgo y a veces en el límite del filo de la navaja de provocar el enojo ciudadano para con su causa y con ello de deslegitimarla, pues en las redes sociales hay manifestaciones y descalificaciones que rayan en el racismo y la incomprensión y no faltan quienes los tildaran de “huevones”, “mantenidos” o “conflictivos”, que poco abonan al análisis.   

Detonado el conflicto a raíz de la aprobación del cabildo hermosillense en aprobar el Ramal Norte, acción que prendió los focos rojos y fue visto como una provocación por los yaquis, de por si molestos por la construcción del Acueducto Independencia en tiempos de Guillermo Padrés, un tema irresuelto hasta la fecha, que se ventila en tribunales federales y que para la etnia fue calificado como un vil despojo del agua del Río Yaqui, su fuente de vida y que comparten con Guaymas y una parte de Empalme.  

Algunas fuentes históricas consideran que el territorio de la etnia abarcaba originalmente antes de la conquista a desde Cocorit hasta el Cerro Tetas de Cabra, que para los yaquis significaba un lugar místico y sagrado pues era la Entrada al Cielo y limitaba la frontera con los indígenas seris.  

Con el paso del tiempo y del proceso “civilizatorio” y modernizador a modo, ese extenso territorio se fue achicando por medio de despojos, invasiones y descarada represión, que abarcó persecuciones, asesinatos y deportaciones.  Actualmente el territorio yaqui  inicia en el Cerro de Boca Abierta.  

Traiciones y suspenso 

Desde el levantamiento del EZLN, cuya pretensión de conformar un Estado Indígena no prendió en muchos de los pueblos originarios del país, la lucha por la defensa de los derechos indígenas quedó en suspenso luego de la traición del presidente Vicente Fox, que avaló la reforma constitucional de 1991, que los tuvo como sujetos de interés público y no como de derecho público.  

De ese año a la fecha, poco se había avanzado en la materia. Un gran paso significó para romper ese estancamiento la presentación de una iniciativa de nueva Ley Indígena en Sonora, presentada ante el Congreso del Estado, por yaquis, mayos, seris y pápagos el año 2019 y cuya consulta con todas las etnias de la entidad se pide para su mejoría. También se hicieron propuestas por parte de mayos y yaquis de reforma al artículo 1º. de la Constitución Política del estado, en materia indígena para adecuarlo a lo propuesto a nivel federal respecto del artículo 2º. Constitucional.  

Mucho de lo pactado en los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, fue retomado y mejorado en dichas propuestas. De ahí que sea de lo más avanzado en la materia a nivel nacional.  

La deuda histórica con los yaquis 

Paco Ignacio Taibo II, en su libro “Yaquis. Historia de una guerra popular y de un  genocidio en México” y la historiadora desaparecida Raquel Padilla Ramos en “Los partes fragmentados”, dan cuenta de los muchos intentos por exterminar a dicha etnia y los crueles sufrimientos a que sus miembros fueron sometidos por más de cuarenta años y que forma parte de la desmemoria de la historia oficial escrita por los vencedores.  

De ahí que con la tribu yaqui la nación tiene una deuda histórica. Se sumaron a la Revolución y al ejército constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza y Alvaro Obregón, bajo la promesa de restituirles sus tierras despojadas una vez obtenida la paz y el fin de la guerra civil y se quedaron esperando. Durante el cardenismo, fue cuando mejor les fue, pues el Tata Lázaro, les dotó del 50% del cauce del Río Yaqui.  

Ya en el neoliberalismo, les fue como en feria y la tónica la marcó el reparto de dádivas a ciertos grupos internos, para propiciar el divisionismo.  

El pasado 6 de agosto el Peje en reunión con las autoridades duales –los de la gobernadora los identifican— en Vícam presentó el Plan de Justicia para los Yaquis, que nadie tomó en serio, y que ni siquiera ha sido mencionado por sus enviados en las negociaciones andantes –intimidados tal vez por encontrarse en territorio sagrado--  con las autoridades tradicionales, ante quienes externó Hugo Aguilar Ortiz, coordinador del INPI en México, que el presidente ya estaba trabajando en los temas y que vendría a pedirles perdón por la deuda que se tiene con la etnia. ¡Cosa verede! 

A pesar de múltiples gestiones realizadas ante todos los niveles de gobierno, pocas de sus peticiones han sido atendidas y sin embargo no se han cruzado de brazos y han llevado a cabo Programas (con apoyo de la ciudadanía) para atender diversas problemáticas: de Salud Comunitaria, de derecho a la Identidad, de Deporte Indígena, de emplacamiento de vehículos, de defensa de la Educación gratuita y del territorio y sus recursos naturales.  

Desde lo local a lo nacional 

Sabedores de que la coerción y el uso de fuerza no basta para gobernar, la presión yaqui, que incluyó como último recurso el bloqueo de la carretería internacional y vías del ferrocarril y el cierre del acueducto que dota de agua a Guaymas y Empalme, orilló a buscar el consenso a través de un postergado y exigido diálogo con las autoridades de todos los niveles de gobierno, para hacerse atender y oír cara a cara ante la tropa y pueblo, según los usos y costumbres.  

Las negociaciones para destrabar el conflicto, cuya base es un cúmulo de demandas no atendidas y que a nivel municipal, la mecha que prendió el fuego, fue el incumplimiento de la Minuta firmada el 20 de febrero de 2020, por la alcaldesa Sara Valle con las autoridades tradicionales  de los seis pueblos yaquis del municipio, la cual incluía diversos trabajos y obras en beneficio de las comunidades.  

Ese diferendo, ya ocupa la atención de los medios regionales y nacionales, por las repercusiones y banderas en juego.   

Ante los avances en las negociaciones, las autoridades autóctonas dieron orden la tarde del jueves de abrir el Rebombeo de  Boca Abierta. 

De poder a poder 

Y ese interesante ejercicio dialogante se torna crucial cuando debe darse entre Autoridades Gubernamentales y Autoridades Tradicionales de los pueblos indígenas dotados de Autonomía y Autogobierno, que están amparadas en la Ley nacional y el derecho internacional como el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)) y los usos y costumbres de origen ancestral y no escritos.  

El Dialogo entre autoridades sigue abierto y fluyendo, en la etnia ya estuvieron presentes el Diputado Jesús Alonso Montes Piña, presidente de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales del Congreso del Estado; el diputado Heriberto Aguilar Castillo; por la 4T funcionarios federales (SEGOB, INPI, Procuraduría Agraria, Secretaría de Comunicaciones y Transportes, etc.) y estatales (Secretaría de Gobierno, CEA, etc.), todos encabezados por Antonio “El Tony” Gallardo, delegado estatal de la Secretaría de Gobernación. La diputada local Rosa María Mancha, se vio obligaba a pasar lista sin mucho que aportar.  

Cada servidor público se comprometió a aportar a la solución de los asuntos planteados según sus facultades y atribuciones legales: los diputados en el ámbito legislativo y los funcionarios públicos en el administrativo. Cómo debe de ser.  

Pelada de machete y justo reclamos, también hubo en la lengua y en castilla.  

“No debe olvidarse que los yaquis somos de diálogo, pero también somos guerreros y sabremos defender lo que ancestralmente y legalmente nos pertenece: el agua del Río Yaqui”, fue lo menos que se les dijo de entrada en voz de Rubén Palma Cruz, claridoso secretario de Belém.  

Ante la participación de Hugo Aguilar, refiriendo de qué se trataba de un diálogo de gobierno a gente, hubo de precisarle Rubén Palma, que estaba equivocado, pues se trataba de un diálogo de gobierno a gobierno, es decir entre pares, les gustara o no a los funcionarios presentes en la Comunila viqueña.  

Los encuentros fueron ejemplos de una forma de negociación ruda, pero efectiva en beneficio de la gente de la etnia.  

En Vícam sin más se juega la República Democrática  

Del resultado de las negociaciones en territorio yaqui, bajo un calor que raya en los cuarenta grados del verano sonorense  y el alcance de ellas y cuyo epicentro es la Ramada de Vícam, su recinto sagrado, dependerá en mucho el futuro del movimiento indígena a nivel nacional, que tiene los ojos puestos en ese modesto, pero poderoso simbólicamente lugar.   

El gobierno federal por su parte ha mostrado disposición al diálogo y ha enviado a sus embajadores a buscar soluciones. Otro tanto ha hecho el gobierno del estado. El secretario de la comuna, Arturo Lomelí, ya pisó base en Vícam.   

Ya dependerá de su entendimiento y del su habilidad para dar procesamiento a las demandas de los yaquis el éxito o no de su delicada comisión.  

Anteriores intentos fallidos de llegar acuerdos institucionales con las autoridades yaquis desde los periplos sin respuesta del presidente, los enviados de la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la SEGOB o los acercamientos del “Mayito” Mario Martínez, jefe del SAT en el sur, abonaron a la desconfianza de la etnia en las autoridades gubernamentales, por su frivolidad y desinterés en abordar la compleja problemática indígena. En el pecado llevaron la penitencia este agosto caliente.  

Reconstruir esa confianza derruida por años de mentiras, promesas incumplidas e ilusiones frustradas, ha sido lo más complicado en el proceso de diálogo entre las partes, pero ahí va la construcción de acuerdos que ha pasado a la siguiente fase de manos a la obra e intercambio de información.  

“Fuerza ficticia”, le llamó el escritor Ricardo Piglia, a las ilusiones, utopías y ficciones que se construyen en el ejercicio de gobierno. En el caso de los yaquis se buscó apartarse de tales tentativas.  

En política, las utopías, suelen pagarse con la vida, sostenía palabras más, palabras menos el jusfilósofo italiano Norberto Bobbio, que fue testigo siendo joven de los estragos del fascismo en su país.  

Y sin echar las campanas al vuelo, hay avances y se espera que con un buen seguimiento de lo pactado la vida de las comunidades cambie para bien. Ese era el objetivo.  

Pintar la raya: ¡Sonora saca la casta de nuevo! 

Así como sus antepasados en 1533 pintaron raya al conquistador Diego de Guzmán en una loma de Tórim, sus descendientes yoemes tomaron con dignidad, sin complejos y con ánimo constructivo el toro por los cuernos y trazaron la suya de no retorno a la simulación y a la postración.  

Ese México Profundo, del que nos hablaba Guillermo Bonfil Batalla, y con el que AMLO acalambró a los banqueros durante la campaña con la fábula del tigre suelto, regresó para tocar con el puño las puertas de la nación, precisamente en un estado de donde emergió aquella revolución que vino del norte, según detalló el historiador Héctor Aguilar Camín. 

Las lecciones que dejó esta experiencia deberá de ser asimilada por los participantes para bien futuro, pues el felino, como el dinosaurio en el  llevado y traído cuento de Augusto Monterroso, sigue ahí.  

Algo como para no olvidarse…