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Águeda Barojas Ontiveros

El 5 de enero del 2018 fue el último día que Gabriela Escobar vio con vida a su hijo José Luis Pestaño Escobar, quien contaba con 31 años de edad y tenía tres hijos.

El joven empalmense radicaba en Magdalena desde hace tiempo, pero los primeros días de enero decidió venir a Empalme, ciudad donde desde el 2012 las desapariciones forzadas son el pan nuestro de todos los días.

Ese 5 de enero Gaby solo lo vio pasar por su casa. En ese momento pensó que después pasaría a saludarla. Su hijo ya no regresó.

Pasaron los días y José Luis no apareció, por lo que la familia comenzó a buscarlo.

Alguien les dijo que se había regresado a Magdalena, pero allá nunca llegó. Lo buscaron en su trabajo y tampoco se había presentado.

El 9 de enero, cuatro días después Gaby vio en redes sociales la noticia del cuerpo sin vida de una persona que fue encontraba en el sector de Las Playitas, en Guaymas.

En esa ocasión se dijo que se trataba de un maestro de unos 50 años de edad, por lo que respiró profundo y dijo: ‘No es mi hijo”.

Durante seis meses buscó a su hijo sin saber que su cuerpo era el mismo que ella vio en una transmisión de Facebook.

“Desde que mi hijo desapareció me la pasaba escuchando noticias en las redes sociales sobre personas asesinadas, heridas o detenidas, esperando que en uno de ellos se encontrara mi hijo”.

Y un día, comentó, me tocó ver cuando estaban levantando un cuerpo sin imaginar que era el de mi hijo.

En ese momento se dijo que la persona muerta era un maestro y yo dije no es mi niño, él tiene 31 años.

Después de eso ya no se dijo nada y yo seguí buscando

No entiendo por qué si las autoridades supieron que no se trataba de ningún maestro no dijeron nada.

Mi hijo tenía un tatuaje en su pierna con forma de corazón que decía Suremi, el nombre de su hija mayor, hubiera sido muy fácil para mi saber que era mi hijo.

No me iré hasta encontrar a mi hijo

El 27 de junio pasado el padre del occiso vino a Empalme a la graduación de uno de sus nietos. Ese día, como ya es costumbre en la región se dio a conocer sobre el hallazgo de cuerpos sin vida.

Pensando en que podría ser José Luis, su padre acudió a las oficinas de la AMIC para identificar los cuerpos. Ninguno era su hijo.

Decepcionado, se dio la media vuelta mientras un perito de la Fiscalía le preguntaba qué señas particulares tenía José Luis.

Un tatuaje en la pierna con un corazón con el nombre de Suremi, su hija mayor, respondió.

Aquí lo tengo, le dijo el perito.

Los peritos tenían presente el cuerpo de mi hijo porque, según ellos, fue raro que no estuviera mutilado como los que habían estado encontrando.

Entonces se fueron a la funeraria a buscar el cuerpo de José Luis, entre unos 20 cuerpos más que permanecen ahí en calidad de desconocidos y como si fueran perros muertos, dijo Gaby Escobar.

La madre del joven empalmense asesinado en una casa de Las Playitas, narró que presionaron a los peritos para que les ayudaran a buscar el cuerpo .

El regalo de cumpleaños

Finalmente fue el 28 de junio pasado cuando, aún en contra de la voluntad de la funeraria, entró a donde se encontraban los cuerpos a reconocer lo poco que quedaba de su hijo.

Las condiciones en las que yo encontré a mi hijo fueron terribles

Una noche antes me quisieron persuadir para que no entrara a la funeraria a ver el cuerpo, me dijeron que era todo un procedimiento, que había que descongelar el cuerpo,

Me aferré me decían que no entrara y yo les dije, voy a entrar a ver a mi hijo no importa lo que encuentre, aunque sea un pedacito, un huesito yo voy a entrar, de aquí no me voy a llevar algo que no sea mío, no me voy a quedar toda la vida con la incertidumbre de no saber si es mi hijo o no

Pasé a la funeraria, muy en contra de la voluntad de los demás y las condiciones en las que encontré los restos de mi hijo era algo horrible, nunca estuvo congelado, se los puedo asegurar, el cuerpo estaba totalmente descompuesto dentro de la bolsa así como cuando te encuentras un perro muerto dentro de una bolsa

Deberían tener más responsabilidad, todas las persona vivas o muertas merecemos ser tratados con dignidad

Siempre estuve consciente que mi hijo podía estar vivo pero también muerto y esto lo único que hace es que la agonía de la familia se prolongue, uno muere junto con ellos

Prácticamente desaparece junto con ellos

Hubiera preferido enterarme desde el primer día de su muerte, yo siempre decía si me lo mataron porque no me lo dejaron en la puerta de mi casa

Hubiera preferido verlo muerto en la puerta de mi casa que haber pasado todo este tiempo sin poder comer, sin dormir, despertando a cada momento, pensando si tenía lugar donde estuviera protegiéndose del frío o del calor, si habría comido

Me dolió mucho y me llena de impotencia no solamente por mi sino por todas esas madres y familias que están en busca de sus seres queridos y no los encuentran

Las condiciones en las que yo encontré a mi hijo fueron terribles

Señor muchas gracias me diste muy buen regalo de cumpleaños, se terminó mi agonía, dijo Gaby.

Y es que para ella representaba una agonía pensar las 24 horas del día dónde está mi hijo.

Dijo que lo que siguió después es un proceso diferente, la aceptación y el perdón a quienes lo mataron por los motivos que hayan sido.

Además hizo una petición: quiero pedir un trato digno y si la funeraria no puede cumplir con los requisitos que tire la toalla

El dolor de dolor Gaby es nuestro dolor

Por su parte María Teresa Quinijara, presidenta del Colectivo Buscadoras de Sonora dijo que ellas están en la disposición de apoyar a las autoridades, pero estas no se prestan.

“Si las autoridades no tienen la capacidad para enfrentar esa situación que nos digan, nosotros podemos conseguir quien haga su trabajo y quien sí tenga voluntad”, dijo. Comentó que las pruebas de ADN deben realizarse, a lo largo y ancho del país muchas familias han recuperado los cuerpos de sus seres queridos porque entre ellos se pasan la voz de las características de los cuerpos, solo por eso se han entregado algunos cuerpos.

Sin embargo, aseguró que aquí no les practican las pruebas de ADN a los cuerpos, ni quiera tienen una bitácora en cada cuerpo de qué día a qué hora y en qué lugar lo encontraron.

“Hay mucho por hacer en ese tema, para que las familias no sufran el viacrucis de buscar a sus seres queridos”.

Nosotros en el colectivo sabemos que buscamos fosas con personas ya muertas

Lo primero que tenemos en la mente es eso. Es terrible, que más quisiera encontrarlos con vida pero sería más duro el dolor.

Yo no pido que me entreguen a mi hermano vivo, pido que manden un anónimo y me digan dónde encontrarlo y que pueda descansar él y mi madre

María Teresa, quien busca a su hermano desparecido desde el 11 de agosto del 2015, dijo que no buscan justicia ni venganza.

“Ya no pedimos que la autoridad investigue, queremos que trabajen en los cuerpos que están en calidad de desconocidos en la funeraria de Guaymas y en las fosas comunes de los cementerios.

Por último dijo que nadie tiene el derecho de quitarle la vida a alguien ya que esto le puede pasar a cualquiera.