NOTICIAS

Lo apodaron el museo de la Reforma Energética, aunque su nombre real es Museo Nacional de Energía y Tecnología (Munet). Enrique Peña Nieto lo presentó justo a mitad de su sexenio como la obra magna que proyectaría su legado y “el proceso de modernización del sector energético en México”.

Programado para abrir sus puertas a finales de 2018, el complejo que presumiría las bondades de la Reforma Energética peñista sigue en obra negra. Paradójicamente, el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador continúa inyectando recursos públicos a un museo que desde su génesis fue pensado para exaltar la reforma que el tabasqueño siempre repudió: hasta febrero de este año, la llamada 4T ya le había inyectado casi 190 millones de pesos.

El dinero se suma a los 332 millones de pesos en recursos públicos que fluyeron en tiempos de Peña Nieto, para dar un total de 522 millones. Todo se ha entregado vía donativos de Pemex y CFE o a través del Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin) en la modalidad de “apoyos no recuperables”.

El dinero destinado al Munet se maneja en un fideicomiso privado presidido por Carlos Ruiz Sacristán y administrado por Grupo Financiero Banorte y la asociación civil Amigos del Museo Nacional de Energía y Tecnología.

Sumado a los recursos públicos, hasta ahora el fideicomiso del museo también reporta la entrada de 511.7 millones de pesos provenientes de la iniciativa privada. Pero sucede algo. Ni el fideicomiso ni la ONG cuentan o han contado con autorización oficial para recibir donativos, de acuerdo con la respuesta del Servicio de Administración Tributaria (SAT) a dos solicitudes de transparencia hechas por estos reporteros.

Esta es la historia de un museo inconcluso que involucra a funcionarios y empresarios cercanos a Peña Nieto, y que aun después de su salida, sigue alimentándose con dinero público.

Mediante dos oficios, el SAT negó que el fideicomiso del Munet o la asociación civil que está detrás tengan permiso para recibir donativos.

 

 

 

Con información de El Sol de México