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Nuestra sociedad aún está en deuda con un movimiento social que pondera la igualdad entre hombres y mujeres: el feminismo.

Daniela S.Valencia/Alto Nivel

Una metáfora muy popular para hacer referencia a la toma de conciencia sobre la lucha feminista es el de las “gafas violetas”, que explica cómo una vez que una persona adquiere perspectiva de género es imposible no comenzar a distinguir en todos lados y a cada momento la discriminación y violenciaestructural que vivimos las mujeres tanto en lo público como en lo privado y expresar posturas críticas al respecto.  

 A mí me acomoda mejor ver el feminismo como unas pinzas violetas —lo del color tiene su origen simbólico— que nos “extirpan” las cataratas machistas que se nos forman desde la infancia por la reproducción de estereotipos de género que refuerzan el discurso de la inequidad como algo “natural” o inherente a nuestra especie y, por lo tanto, incuestionable; el origen divino y dogmático de la concepción de un “sexo débil” (y oprimido) en contraposición de uno “fuerte” (y opresor). 

Pues no, el machismo no es natural y debe ser erradicado porque mata —doce es el promedio diario de mujeres víctimas de feminicidio sólo en Latinoamérica y el Caribe según la Cepal. 

Que la sociedad en su conjunto comprenda cómo se genera y perpetúa esta espiral de injusticia y violencia en lo cotidiano —empezando por los chistes, dichos populares, canciones, los mal llamados “piropos” , el relato del “amor romántico” de príncipes que rescatan a princesas pasivas, etcétera— representa la gran transformación cultural que se requiere para que la ganada igualdad formal (estipulada en leyes) vaya acompañada de una igualdad sustantiva, es decir, real en el día a día de todas y todos. 

He ahí nuestra gran deuda con el feminismo como elmovimiento social y teoría política que ha picado piedra cuesta arriba para comenzar estos cambios de raíz, y he ahí el por qué de su permanente estigmatización. El feminismo —o más bien “los” feminismos porque la pluralidad es una de sus principales características—, en su carácter reivindicativo, resulta molesto o incómodo para muchos porque cuestiona el orden establecido. 

Si por tanto tiempo nos han metido en la cabeza “calladita más bonita”, “mujeres juntas ni difuntas”, “a las mujeres ni todo el amor ni todo el dinero”, entre otras miles, era necesario un espíritu disruptivo que gritara el desacuerdo, que se atreviera a mostrar su fuerza tomando calles, haciendo huelgas, quitándonos en colectivo el miedo que cada una ha vivido en lo privado. 

Las resistencias ahí siguen manifestándose desde el lenguaje mismo, con términos peyorativos como “feminazi” que buscan desvirtuar a través de la ridiculización.  No, el feminismo no contempla un “plan secreto” para meter a los hombres en campos de concentración, ni busca una “revancha histórica”. 

Muy al contrario de lo que algunos (y algunas) en su desconocimiento pregonan, el feminismo ha puesto hincapié en la necesidad de incluir a los hombres en esta causa, porque la equidad es un logro con el que todos ganamos, porque abre la puerta a nuevas masculinidades, con mayor libertad para los varones en su construcción como personas. 

Les quita la carga de asumirse obligatoriamente como únicos proveedores de su familia, de tener que “demostrar su hombría” a golpes, de poder disfrutar plenamente del ejercicio de su paternidad, de mostrar sus sentimientos sin miedo a la burla. El feminismo es libertad, es un tema de derechos humanos y son muchísimos los saldos pendientes. 

Afortunadamente, en la actualidad observamos diversos ejemplos que dan cuenta de una revitalización del movimiento feminista a nivel global: la campaña en twitter #MiPrimerAcoso que logró ser trending topic, el “Lunes negro” en Polonia, la Women´s March convocada en EUA y hermanada en más de cincuenta ciudades, el “tetazo” en Argentina y la iniciativa #NosotrasParamos convocada para mañana en más de cuarenta países y que se vislumbra será histórica.  

Uno de los factores clave para este nuevo impulso de la ola violeta ha sido la propagación del uso de internet y las redes sociales. Todas las corrientes feministas han encontrado en estos espacios canales amplificadores para sus mensajes que refuerzan la hermandad en la lucha y facilitan la organización para la movilización en las calles,  que es insustituible.

Hemos entrado en escena la generación de feministas millenials que nos apropiamos de la blogósfera para que cuando se nos quiera hacer creer que ya todo está logrado recordemos cuántas mujeres nos faltan, para que cada que un macho poderoso como Donald Trump busque exaltar la misoginia salgamos a decirle fuerte y claro que no daremos ni un paso atrás. El discurso machista se combate con discursos feministas. Por eso, el 8 de marzo no queremos que nos regalen flores, sino que hablemos de feminismo. 

*La autora es consultora en comunicación política y socia-directora de la firma hispanomexicana Abella y Valencia.