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Sergio Oliver Burruel/Dossierpolitico

“Un ambiente rico de reforzadores, disminuye la probabilidad de consumo, en contraste un entorno pobre es un detonador del consumo, en otras palabras el entorno y las características del contexto Sonorense facilitan el consumo de cristal en Sonora”

No es el cristal.

Cuando se trata de drogas, es muy común observar cómo el foco de atención principal de la mayoría de los discursos se centra en el fenómeno de la adicción. Esto no sólo es frecuente en los medios de comunicación. Tanto en contextos académicos como clínicos y experimentales, se ha convertido a la adicción en la protagonista principal de la historia de las drogas.

Buena parte del discurso actual sobre adicciones gira en torno a dos aspectos. El primero de ellos, la droga. Es obvio, sin drogas no es posible desarrollar una adicción a las drogas. El segundo, la acción de estas drogas en el cerebro. Sí, parece que el cerebro y el enfoque biologicista sobre el que se sustenta su explicación, es necesario y suficiente para explicar el desarrollo de la adicción.

Pero, ¿hasta qué punto ambas afirmaciones son correctas? ¿La adicción es un viaje de ida sin vuelta en la que una sustancia psicoactiva altera el cerebro de tal forma que no hay regreso? Pese a los intentos de algunos teóricos por crear representaciones ciertamente novelescas, como aquella metáfora que cuenta cómo las sustancias psicoactivas secuestran el circuito de recompensa del cerebro, nosotros los psicólogos proponemos realizar una mirada integral al fenómeno de la adicción basada en el modelo biopsicosocial o bioconductual, aun a sabiendas de que para establecer el peso de cada uno de los factores propuestos, la generalidad no sirve. La única forma de poder explicar el mantenimiento de una conducta adictiva es atendiendo al caso del sujeto particular y las circunstancias históricas, contextuales y culturales que rodean su consumo de drogas. De otra forma, caeríamos en un reduccionismo poco útil para explicar un fenómeno complejo.

  1. El cristal, una droga más.

Es cierto, sin consumo de drogas es imposible desarrollar una adicción a las drogas. En este sentido disponemos de algunas evidencias que nos sugieren que dada la farmacocinética y la farmacodinámica de cada una de las sustancias, existirían preparaciones y vías de administración con mayor potencial para desarrollar dependencia y, por lo tanto, síndrome de abstinencia. Recordemos que el síndrome de abstinencia es uno de los factores de riesgo más importantes para explicar el mantenimiento de una adicción, ya que la autoadministración de droga, en este caso, tendría funciones de escape del malestar que genera el síndrome, y por lo tanto quedaría reforzada negativamente manteniendo así dicha conducta.

Sin embargo, ni la vía de administración ni la droga es suficiente para explicar el desarrollo de una conducta adictiva. Por ejemplo, existen estimaciones que señalan que, de todas las personas que se inician en el consumo de diferentes drogas, solo una pequeña parte de ellas termina desarrollando una adicción. ¿Por qué, si se trata de la misma sustancia y la misma vía de administración?

  1. El sujeto.

Hablar del sujeto o persona que realiza la acción de consumir una sustancia psicoactiva supone aceptar la complejidad a la que nos enfrentamos a la hora de conceptualizar la adicción. No solo porque el sujeto es un organismo biológico complejo sino porque, además, posee unos patrones de comportamiento que es necesario estudiar.

En este sentido, además de la sustancia psicoactiva, para explicar el origen y mantenimiento de la adicción habría que atender una serie de factores que interactúan de forma dinámica y cuyo peso será variable en función del sujeto concreto y las circunstancias que lo rodean:

  1. a) Las disposiciones biológicas:

  Si bien el cerebro es una parte del organismo muy implicada en las conductas adictivas, no es el cerebro quien interactúa con la sustancia y las circunstancias que rodean al consumo. Es todo el organismo quien lo hace.

  1. b) Las disposiciones psicológicas.

La forma en la que una persona entre en contacto con una sustancia o mantenga una relación con ella, vendrá en parte determinada por un estilo conductual que ha ido configurándose a lo largo de su vida como resultado de otras interacciones entre dicho organismo y el ambiente o contexto. Este estilo conductual es lo que generalmente denominamos personalidad.

Pero además, podríamos incluir aquí un conjunto de disposiciones psicológicas cuya presencia o ausencia pueden favorecer que se produzca o no el consumo de drogas o que éste se convierta en un consumo de bajo o alto riesgo como: las expectativas respecto a las consecuencias del consumo, los valores, y las habilidades sociales, serían solo unos ejemplos de ellas.

  1. El contexto.

 Los experimentos clásicos en materias de drogas a nivel básico han consistido en aislar a distintos organismos (ratas, gatos, monos…) en cajas de experimentación utilizando procedimientos de autoadministración en los que se da a elegir al animal entre agua y la droga. En la mayoría de los casos los organismos prefieren, evidentemente, la droga, esto es así dado que con gran soporte de investigación se sostiene que el ambiente o entorno en el que se realizaban estos experimentos con drogas y animales, importaban y mucho, ya que las ratas alojadas en cajas de experimentación en ambiente enriquecido preferían en mayor medida agua que morfina.

Estos resultados, que son muchos e incuestionables, han servido tanto para dar explicación de la importancia del contexto o del ambiente en el consumo de sustancias como el crystal en este caso. 

El fenómeno de las adicciones, se presta mucho para para generar discursos políticos y sociales muchas veces sesgados y exagerados, en mi opinión, en los que se llega a afirmar, por ejemplo, que la persona que tenga tan sólo unos pocos contactos con el crystal, estará abocado a entrar en una irremediable escalada de consumo. Me atrevo a sugerir  respetuosamente que la campaña que inicio el día de hoy, se debiera enriquecer llevando como principio rector que es la relación que se establece entre todos los elementos del contexto, donde cada sujeto o persona con su historia conductual, va a configurar las posibilidades de que se genere o no el desarrollo de las conductas adictivas 

Finalmente termino esta aportación, con motivo de la campaña del uso y abuso del cristal en el estado de Sonora, con un encabezado escalofriante del periódico el país que dice textualmente:

“La pobreza y la desigualdad social acortan la vida más que la obesidad, el alcohol, y la hipertensión, donde la adicción al cristal es solo un camino”.

En Sonora, existen actualmente 852 mil 100 habitantes en pobreza y un total de 95 mil 100 en pobreza extrema; ya sea que no cuentan con vivienda, seguridad social, servicios básicos o seguridad alimentaria.

El cristal es la droga más barata, y se consume porque el usuario no soporta su realidad, y no tiene esperanza de un futuro mejor.

Esa es la realidad del consumidor de cristal.

La ley de Psicólogos en las escuelas aborda esta problemática desde la educación básica, lamentablemente eso no tiene la menor importancia para las actuales autoridades.

 

Psicólogo, Dr. en Educación especialista en adicciones.