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LA VIÑA DEL SEÑOR De chasco en chasco la diplomacia mexicana.
 
Acostumbrados a tratar los del grupo Atlacomulco con políticos tradicionales (presionables, corrompibles, cooptables, etc.)  que se mueven dentro de los márgenes del sistema político mexicano que ha visto pasar todos los presidencialismos, desde la dictadura revolucionaria de Alvaro Obregón, el tipo estalinista del “Turco” Plutarco Elías Calles, nacionalistas como el del general Lázaro Cárdenas, los gobiernos civiles de Miguel Alemán hasta los neoliberales de Carlos Salinas a la fecha, sin olvidar la “dictadura perfecta” aludida por Mario Vargas Llosa, que para nada piden a Francisco Franco, Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Augusto Pinochet y demás, cada uno con sus matices, pero dentro de la línea de hombres de poder, hemos visto a notables como el canciller Luis Videgaray, con cartera de primer ministro desde el inicio del mandato del presidente Peña Nieto, toparse con un muro llamado Donald y de apellido Trump, con el que no han sabido lidiar y a quien la demagogia y el populismo del magnate avasallaron.   
 
Al equipo diplomático peñista les pasó como en la fabula de Pedro y el lobo, cuando llegó de verdad el depredador, nadie les creyó y ahora distribuyen su histeria a la sociedad en su conjunto y convocan al coro en apoyo y hasta de la otrora ignorada plaza pública (dixit Aurelio Nuño)
Trump es populista como AMLO dice la propaganda oficial, pero no dicen que la diferencia es que el primero es populista rico y el segundo es populista, pero pobre. Lo anterior no debe de extrañar porque hasta Barack Obama, se declaró populista en la gira de Peña Nieto por Canadá.  
 
México, el enemigo perfecto
 
De aquel servicio exterior al que dieron lustre gentes como Genaro Estrada, Isidro Fabela, fundador del grupo Atlacomulco, el doctor Alfonso García Robles, premio nobel de la paz 1982, Jaime Torres Bodet, el poeta José Gorostiza, César Sepúlveda y por donde pasaron intelectuales como Manuel Camacho Solís y Jorge Castañeda, poco o nada queda. 
Si se pensaba que el neoyorquino, para quien México fue su villano favorito y le redituó pingües ganancias electorales -¿sabe por qué eligió al enemigo perfecto?--, una vez entronizado al frente del mayor imperio que ha conocido el mundo, iba a cambiar y moderar su discurso y su actuar erró de óptica. 
 
Débil en extremo el presidente Peña y a la cabeza de una economía dependiente del comercio estadounidense, sin una política industrial, sobreviviendo de la asistencia gringa en muchos rubros, neta, se antoja para hacerle bullyng. 
El modelo teleciano impuesto por Carlos Salinas de Gortari y sus Chicagos Boys, copiado a Pinochet en Chile, que amarró la economía a la poderosa economía norteamericana, como quien ata un triciclo, una carreta o una patineta a una locomotora para favorecer a una casta empresarial exportadora, sin crear una política industrial propia que convirtió a México en una país maquilero dentro de los intereses geopolíticos de las empresas multinacionales, hace agua ante el regreso del proteccionismo de Trump, quien amenazó con imponer un impuesto aduanal del 20% a las importaciones que provengan de su vecino del sur. 
 
Massiosare: El enemigo imaginario de México
 
A estas alturas del partido la construcción del muro dentro del territorio norteamericano es lo de menos, ellos están en su derecho de levantar lo que se les antoje. Lo demás es cura que les permite mantener el discurso más allá de la elección y eso no lo entiende el gobierno mexicano o le hace al cochi con mal de ojo, para envolverse en la bandera del patriotismo y convocar a la unidad nacional, como un estratagema de consenso interno utilizada en el pasado por el gobierno de Manuel Avila Camacho, el “presidente caballero”, quien con motivo del hundimiento de una barco mexicano por un submarino alemán declaró hostilidades a los países del eje en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta el Partido Comunista Mexicano olvidó sus reclamos y se sumó a la alianza antifascista, como hoy lo hace el mismísimo Peje. 
La supuesta existencia del enemigo externo que amenaza la soberanía del país, al que alude nuestro himno nacional que cada lunes e repite en las escuelas del sistema educativo nacional, es la coartada ideal para olvidar agravios como el gasolinazo, corruptelas y a una clase política que es una verdadera pesadilla sobre las espaldas de la nación. 
 
Fidel Castro, el aliado perfecto
 
Fidel Castro, tan criticado por sus detractores y tan adorado por sus seguidores, supo manejar como verdadero maestro de la grilla de altura, cuajado en la guerrilla de la Sierra Maestra, la cual a decir verdad parecería una escaramuza ante la embestida del ejército rojo encabezado por León Trotski, sus relaciones con E.U., a quien tachó de imperialista y gran villano de las causas libertarias. El caudillo cubano sacó raja de la situación para afianzar su enorme poder en la isla caribeña hasta su muerte en 2016. Sobrevivió a la invasión de Bahía de Cochinos, 600 atentados de la CIA –lo que demuestra que no es muy efectiva- y batalló a todos los presidentes gringos de John F. Kennedy hasta Obama. ¡Y Peña se duele a apenas 8 días de Trump en la Casa Blanca!
 
Incluso, la cercanía con Fidel, sirvió a su vez de tabla de negociación a México con el gobierno norteamericano, por eso nunca rompió relaciones con Cuba, ni cuando fue expulsada por la OEA en 1962,  y enarboló a favor el principio de la doctrina Estrada de libre determinación de los pueblos y no intervención y el entonces presidente cubano acudió a la toma de posesión de Salinas en 1988 para rabieta de la izquierda cardenista y socialista, México jugó un relevante papel en la crisis de los balseros con la intermediación del escritor colombiano asentado en el país Gabriel García Márquez y solo durante el mandato de Vicente Fox, con “el comes y te vas” se tensaron las relaciones entre ambos gobiernos, cuando el canciller Jorge Castañeda, anunció en fin de la relaciones con la Revolución Cubana y el inicio de las relaciones con el Estado Cubano, como si fueran entes distintos y Castro expuso públicamente parte de las grabaciones de Carlos Ahumada retenido en la isla y su papel en el complot en el desafuero de AMLO.  
 
La política es la continuación de la guerra por otros medios
 
Con el síndrome de inferioridad heredado de los Tratados de Guadalupe Hidalgo signados por  Antonio López de Santa Anna, once veces presidente, cuando México perdió más de la mitad de su territorio, no se ha entendido que la guerra (comercial, diplomática, discursiva, tuitera, etc.), escribió el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios. 
Por eso, para anda extraña los llamados desde las élites gobernantes a regresar al nacionalismo erradicado hasta de los libros de textos de la educación pública desde los gobiernos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, una práctica retomada por los gobiernos panistas de Fox y Calderón, de la primera alternancia por la derecha. 
En el contexto actual, gracias a Donald Trump, la mesa está puesta para volver a la puesta en escena de la unidad nacional y ¡¡la felicidad plena!!
O sea, mal de muchos, chin chin el que se raje….